POLÍTICA ARGENTINA: SERGIO J. NERGUIZIAN

La política argentina del siglo XX y su discreto sistema de ríos subterráneos

La descripción minuciosa de los acontecimientos relevantes del pasado argentino...
03 de Diciembre de 2017
La descripción minuciosa de los acontecimientos relevantes del pasado argentino de mitad de siglo XX no logra vencer la resistencia 'de los hechos' al encapsulamiento que imponen cánones y pulsiones académicas. Si el paciente lector lo tolera, intentaremos una vía cuya originalidad presunta no garantiza idoneidad metodológica -aunque probablemente cierto toque lúdico facilite su digestión.

Así, acumularemos materiales en una vidriera entregada al aparente caos y al desorden (incluso cronológico). Lo haremos con la asaz ingenua aspiración de descubrir un hipotético sistema de conexiones ocultas que puedan explicar (esto es, elaborar un discurso racional) en torno de la melancólica frustración de nuestro destino como Nación.

1. El 9 de junio de 1956, el General Juan José Valle lidera un intento de golpe militar, a fin de desalojar del gobierno a las autoridades de la llamada Revolución Libertadora, la cual había puesto fin, en setiembre de 1955, al segundo mandato de Juan Domingo Perón. El episodio concluye con la ejecución de buena parte de los implicados. Perón comenta el hecho en carta a John William Cooke'la mano izquierda del General', en la que pareciera insinuar que en su momento habría dado orden de reprimir el levantamiento que encabezaba el General Lonardi, contra la opinión prevaleciente en los analistas de que nunca existió tal voluntad, por falta de carácter o por la aversión, que le generararía un baño de sangre: 'El golpe militar frustrado el 10 de junio es una consecuencia de la falta de prudencia que caracteriza a los militares (...) Esos mismos militares que hoy se sienten azotados por la injusticia y la arbitrariedad de la canalla dictatorial, no tenían la misma decisión el día 16 de setiembre, cuando los vi titubear ante toda orden y toda medida de represión a sus camaradas que hoy los pasan por las armas...'. Perón condena el conato de Valle, en un párrafo dotado de una contundencia inapelable: 'Qué fe puedo tener yo en la acción de esos militares que no supieron cumplir antes con su deber jurado (...) Si ellos hacen ahora algo es porque están enconados con sus ex camaradas que los expulsaron del Ejército, cosa que ellos no esperaban. Si yo no me hubiera dado cuenta de la traición y hubiera permanecido en Buenos Aires, ellos mismos me habrian asesinado, aunque solo fuera para hacer méritos con los vencedores' (Perón a Cooke, carta fechada en Colón, Panamá, el 12 de junio de 1956).

Agustín P. Justo2. Veintiséis años antes de la carta de Perón, se produce el golpe que el 6 de setiembre de 1930, que pone fin al segundo gobierno de Yrigoyen. El autor de la proclama con que la revolución insinuaba sus veleidades fasciscizantes es unas de las plumas más notables que ha dado la literatura argentina: 'Días antes de la revolución, hallábase mi padre en el Círculo Militar, como lo hace todas las tardes, cuando fue anunciada la visita de su amigo, don David Uriburu. Este le manifestó que el General deseaba verlo. Como el jefe revolucionario hallábase instalado en una casa particular, el Sr. Uriburu se ofreció a acompañarlo y, así, ambos salieron del Círculo Militar; ellos dos y el Sr. Rafael Girondo. Mi padre mantuvo una larga conferencia con el general —cuyos términos no me toca relatar— y quedó entonces convenido entre ambos que el primero de ellos redactaría la proclama que días después lanzarían los aeroplanos del Ejército. Mi padre escribió aquella pieza histórica, la que llegó a manos del general por otras personas y fue impresa en el taller que en la calle Rivadavia posee el Sr. José María Rosa' (Leopoldo Lugones (h), declaración titulada La Proclama del 6 de Setiembre, publicada en el diario Bandera Argentina del 30 de junio de 1933).

3. Durante el período 1880-1914, los movimientos armados que reclaman elecciones transparentes y sin proscripciones son derrotados por las fuerzas militares del Estado, con su notable secuela de víctimas y convulsión política sin respiro. Después de uno de esos actos de insurgencia, en 1905, Carlos Pellegrini reflexiona: 'Nuestra historia política de estos últimos quince años es, con ligera variante, la de los quince años anteriores;casi podría decirse, la historia política sudamericana: círculos que dominan y círculos que se rebelan; oposiciones y revoluciones (...) Vivimos girando en un círculo de recriminaciones recíprocas y de males comunes. Los unos proclaman que, mientras haya gobiernos personales y opresores, ha de haber revoluciones; los otros constestan que, mientras haya revoluciones, ha de haber gobiernos de fuerza. Todos están en la verdad o más bien todos están en el error' (Citado en Ezequiel Gallo, La República en Ciernes, siglo XXI,p.61)

4. En los primeros años del siglo XX, se registra en Buenos Aires una intensa actividad de organizaciones anarquistas. El país vive una situación excepcional en comparación con cualquier otra nación receptora de inmigrantes: en 1910, más de la mitad de la población metropolitana es extranjera. Muchos de los recién llegados traen en sus baúles el sueño de una revolución que en sus países de origen ha sido ahogada en sangre. La idea de la supresión de los tres factores de opresión según el anarquismo moviliza a los 'jóvenes maximalistas': ni Dios, ni Patria, ni patrón. En 1909, el Presidente Figueroa Alcorta (que había escapado ileso a una bomba anarquista el año anterior) y su Ministro de Interior, Marco Avellaneda, presentaron al Congreso un proyecto modificatorio de la vieja Ley de Inmigración de 1876, donde se agregaba a las prohibiciones de entrada de dicha Ley a 'los anarquistas y las personas que profesan o preconizan el asesinato de los funcionarios públicos  o el uso de explosivos y medios de fuerza para impedir el cumplimiento de las leyes y disposiciones legales de las autoridades públicas o para impedir el ejercicio de los derechos individuales' (Citado en Halperin Donghi, La República Imposible, Editoral Emecé, 2004, pag. 182)

5. El 28 de junio de 1966, un General del arma de Caballería desaloja del gobierno al Presidente Arturo Illia, un radical paradigma de integridad moral aunque cometiera el pecado de ingenuidad al desconocer o subestimar la imposibildad de alcanzar la estabilidad institucional sin antes levantar la proscripción que pesaba sobre el jefe de los justicialistas. Producido el golpe, las primeras voces que manifestaron su euforia partieron de organizaciones empresariales, mientras que el sindicalismo controlado por el peronismo sumó un silencio estentóreo, como una forma particular de bendecir el colapso del gobierno radical. La 'Acción Coordinadora de Instituciones Empresarias Libres' (ACIEL) emitió una declaración en la que comparaba la situación presente con la que reinaba al reunirse el Congreso de Tucumán un siglo y medio atrás para declarar nuestra Independencia: justificaba la destitución del gobierno civil y saludaba la 'nueva esperanza' que se había abierto al progreso argentino, tal como lo informa el matutino porteño La Nación, en su edición del 6 de julio del mismo año. Cuando días después, se inaugura una nueva edición de la Feria de Palermo, en su declaración ACIEL saludó el comienzo de 'una nueva hora nacional', como lo informa el mismo diario en su edición del 14 de julio.

6. 'Pero, eso sí, es absolutamente claro que nuestro movimiento forma parte de un gran proceso mundial, que marcha con el resto de la humanidad, hacia un socialismo universal (...) Yo no tengo ninguna duda de que en el siglo XXI el mundo será socialista (...) Llámesele populismo, socialismo o justicialismo, como quiera llamarle. El nombre es lo de menos (...) Ahora, eso sí, nosotros somos la cabeza del movimiento nacional revolucionario. A ningún partido o movimiento se le debe permitir colocarse en una actitud más 'revolucionaria' que la nuestra. El día que eso ocurriera, habríamos perdido nuestra 'razón de ser' como movimiento, al ser reemplazados en la conducción popular. A los justicialistas que se coloquen en actitudes 'conformistas' o 'conciliadoras' para con el sistema imperante en nuestra patria, hay que expulsarlos del Movimiento, sin miramientos. Son enemigos del pueblo y, por lo tanto, enemigos nuestros' (Juan D. Perón en Breve Historia de la Problemática Argentina, compilado por Eugenio P. Rom. Ed. Claridad, 1989, pág. 149 y siguientes).

7. 'Las intervenciones militares en política, que es preciso recordarlo, contaron casi todas ellas con el apoyo en la opinión o, en todo caso, reflejaron las viscerales divisiones de la sociedad argentina, fueron motivadas por el vacancia de poder, por la inanidad de los gobiernos que se desmoronaron como castillos de naipes sin que nadie, ni sus allegados próximos ni sus más fervientes partidarios, se propusieran tan siquiera acudir a sostenerlos. Más  aún, la participación civil en torno a esos períodos de facto es demasiado notoria para que se finja ignorarla' (Marcelo Sánchez Sorondo, La Argentina por Dentro; Sudamericana, 1987).

8.En 1938, asume la Presidencia del país Roberto M. Ortiz: sucede al General Justo, quien inaugura el patético concepto de 'fraude patriótico' para justificar el acceso al poder a través de un escandolosa burla de la voluntad del electorado. Dos años después, se convoca a elecciones de medio término: se planea reiterar la maniobra en todos los distritos, con especial atención en la gravitante Provincia de Buenos Aires, donde el Goberndor Fresco se comporta como el capataz de una inmensa estancia: 'La orden de Fresco fue hacer fraude. Aquí, en Exaltación de la Cruz, el caudillo conservador, Dr. Terrarosa, no era partidario de eso: creía que podía ganar limpiamente. Pero la orden de La Plata era terminante y tuvimos que cumplirla. Tal vez lo que quería Fresco era comprometernos a todos (...) Las urnas que íbamos a llenar con boletas de Barceló, teníamos que buscarlas en Ramallo y eran iguales a las que distribuía el Correo. Nosotros las cambiamos y yo, en una de ellas, para que la sustitución no fuera tan grosera, metí unas quince boletas de Siri-Suárez. Cuando, por curiosidad, abrimos las urnas auténticas, me encontré que los votos radicales de la que yo había cambiando,eran apenas seis (...) ¡Desde entonces, los radicales me deben nueve votos!'. Declaraciones de Agustín Petrucelli en Felix Luna 'Ortiz. Reportaje a la Argentina Opulenta', Ed. Sudamericana,1982; pág. 163. En la misma obra de Luna, Manuel Ordoñez, amigo y colaborardor de Justo, ofrece una semblanza de Fresco en vísperas de las mismas elecciones que comentanos: 'Fresco era un tipo simpaticón, abierto, de un desplante poco común. En su casa de Morón, me recibía siempre en pijama (..) Fresco tenía ya un cómputo escrito del escrutinio.¡Estaba todo cocinado, con cifras y todo!'.

9. El 27 de marzo de 1962, poco antes de su derrocamiento, Arturo Frondizi envía al presidente del Comité Nacional de la UCRI (Unión Cívica Radical Intransigente) una carta que sólo debería hacerse pública en caso de que 'se lo eliminase físicamente, o se lo hiciera prisionero'. Contiene el documento algunas rotundas tomas de posición: 'Nuestros enemigos—los enemigos del pueblo argentino—quieren mi renuncia. Con mi renuncia, se prepara una parodia institucional sobre la base de una democracia restringida que excluya a todos los sectores populares y, como consecuencia ineludible, una despiadada represión (...) Esta es, por lo tanto, la razón fundamental de mi obstinada y tenaz negativa a renunciar a mi cargo o terminar con mi vida. Quienes se atrevan a sacarme del gobierno por la fuerza o a eliminarme físicamente, deberán asumir ante la historia la responsabilidad de haber desatado en la Argentina la represión popular y su inevitable consecuencia, la guerra social. Ellos, si logran sus designios, abrirán las puertas al comunismo que con tanta vehemencia dicen combatir'.

10. Los golpes de Estado se asignan la  tarea de 'racionalizar' el acontecimiento: explicar la alteración del régimen constitucional consiste en construir una serie de forzados silogismos cuyo objetivo final radica en justificar el hecho, es decir, en demostrar que la cadena de enunciados no presenta contradicciones ni vulnera los valores del sistema  ético aceptado como dominante. En consecuencia: la etapa que se abrió cuando el régimen instaurado en 1932 buscó en el fraude el instrumento que debía asegurar su supervivencia iba a ser vivida de modo distinto por cada uno de los actores colectivos que ocupaban la escena nacional, pero iba a tener para todos ellos un rasgo común: la aceptación de los hechos tanto de esa indefendible solución al problema político legado por la revolución de 1930, cuanto del lugar que en ella les había sido asignado. A la vez, esa aceptación se acompañaba de una viva conciencia de lo que esa solución tenía de forzado, puesto que aún quienes usufurctuaban una supremacía política cuya fragilidad política advertían demasiado bien, veían en ella mucho más que una solución de emergencia (...)' (Halperin Donghi, op. cit. pág. 182).

11. Algunos conceptos en torno de la evolución de la sociedad argentina (admitimos la laxitud de la expresión 'sociedad argentina' pero confiamos en que el lector intuirá el sentido con que la empleamos) pueden hoy parecernos novedosos y fruto de modas que imponen algunos intelectuales. Sin embargo, hemos advertido que los temas actuales alrededor de nuestra identidad nacional y la discusión sobre mecanismos alternativos de participación de la ciudadanía en la política y la economía son asuntos planteados hace casi un siglo atrás. La cuestion de las expresiones verbales es notablemente ilustrativa, conforme la transcripción que sigue lo comprueba: 'En cuanto a la materia del último punto ('participación gremial y corporativa en la vida pública'—N. del A.) (...) El Congreso Internacional de Economía Social celebrado en Buenos Aires en 1924, sancionó una proposición que es quizá oportuno reproducir (...) 'Declarar que la mayor participación de los intereses profesionales y corporativos en la vida pública, debe considerarse como un progreso democrático y como un medio de perfeccionamiento administrativo' (...) Monseñor Franceschi dijo: 'Ya en el año 1917 hable de la necesidad de evolucionar y de ir a la representacion de los intereses gremiales. La democracia se salvará si evoluciona; de lo contrario iremos a los gobiernos de fuerza' (Citado en Bunge Alejandro E., Una Nueva Argentina, Editorial Hispamerica, 1984 -Primera edición: Buenos Aires, 1940).

12. La historia de la Argentina es, en gran medida (o el relato ha sido impuesto con éxito), una suerte de crónica de acciones militares. Desde las horas primeras de la 'invención de la Argentina' (Nicolas Shumway, La Invención de la Argentina, Ed. Emecé, 2013), el rol de los jefes militares alcanzó la hegemonía que correspondió a la prevalencia de la guerra (internacional o civil) en el decurso de los hechos notables de nuestro pasado. Un alto oficial del Ejército, luego Presidente de la República por medios fraudulentos, recibe a una nueva promocion de oficiales con estas palabras: 'Subtenientes; Asistís a la hora más solemne de vuestras vidas, en éste, el instante en que dejáis de ser niños para convertiros en hombres, en que adquirís, junto con la plena libertad, la plena responsabilidad de vuestros actos. Añadid a lo dicho que entráis a formar parte del cuerpo de oficiales, es decir, de un conjunto de hombres de bien que, guiados por un ideal superior, tienen mayores responsabilidades y funciones más trascendentes que la mayoría de sus conciudadanos (...) La sociedad humana vive, en la actualidad, una de esas horas que jalonan las épocas; cuando dentro de varios siglos, nuestros descendientes miren, como siempre, hacia el pasado para escudriñar el porvenir, contemplaran los días que vivimos como el momento más interesante de la historia'. General Agustin P. Justo; Discurso como Director del Colegio Militar; 1920.

13. La polarización de las opiniones en torno a un dirigente o a un ciclo de nuestra historia suele alcanzar una virulencia de tal magnitud que estamos tentados a pensar que representa una particularidad difícil de emular a nivel mundial. Si se piensa que, aún hoy, a 182 años del acceso al poder de Juan Manuel de Rosas, su figura sigue dividiendo aguas entre los que interpretan nuestro pasado, es dable imaginar lo que sucede en torno a Juan D. Perón. La apología y la diatriba, el fervoroso panegírico y la descalificación frenética conviven entre nosotros hace ya 72 años, como los demuestran cuatro ejemplos, entre centenares: A) 'Pero entre los hombres de junio había uno que, caliente de alma y frío de manos, así debe ser todo artífice verdadero, trabajaba la materia real del país con un conocimiento exacto de la misma (...) Si nuestro líder acertó en su obra, el 17 de octubre de 1945 lo anunció definitivamente. Y se vio entonces que el país entero vivía una revolución autentica y no un mero simulacro' (Leopoldo Marechal, Proyecciones Culturales del Momento Argentino). B) 'En Perón, prevalece el legado del araucano, duro y cruel solamente con los demás, falso y flojo, codicioso y audaz cuando lo favorece un increíble conjunto de circunstancias propicias (...) En la crisis de 1955, encomienda la defensa del régimen a otros generales, y huye sin dar la cara ni a sus amigos ni a sus enemigos (...) En el 'hombre', en Perón aparece el araucano cuya sangre recibió de su madre mestiza Juana Sosa, a cuyo entierro no concurrio para probar una lancha en un lago de Palermo' (Emilio J. Hardoy, No He Vivido en Vano). C) 'Con la presencia del General Perón en el Gobierno, el pueblo empieza recién a escuchar su propia voz, sus propias palabras, sus propias aspiraciones. Los vocablos tienen su exacto significado. La expresión de las ideas deja de ser un jeroglífico, y se convierte en potencia rectora del pensamiento renovador que las anima, que les da vida, que penetra y se anida en los entendimientos, en todas las almas' (Carlos Abregu Virreira, El Lenguaje Popular de Perón, s/f); D) 'Ciertamente que ni Juan Domingo Perón ni ninguno otro de sus cómplices en la logia fascista había pensado jamás, antes de 1944, en los problemas y aspiraciones de la masa trabajadora, y no existe la más mínima manifestación por escrito (o de otro orden) de que alguno de ellos hubiera tenido preocupacion por las cuestiones sociales o políticas. Para el GOU, y especialmente para su jefe, el coronel Perón, el pueblo argentino y en particular la masa obrera eran y son entes inferiores, dignos de tenerse en consideración solo en la medida que puedan servir como dóciles instrumentos para secundar sus planes de dominación'. (Walter Beveraggi Allende, El Partido Laborista, el Fracaso de Perón y el Problema Argentino; 1956).


Caro y estoico lector: no vamos a abrumarle con nuevas citas. Intentaremos, temerariamente, señalar algunas conexiones que unen por debajo de la superficie textual a las referencias que hemos acumulado con deliberada negligencia. Constituyen un sistema de ríos significantes que pueden aportar alguna luz al enigma insondable del fracaso del proyecto argentino de grandeza.

Surge, con evidencia, que el quiebre institucional explícito -como el golpe de Estado, o soterrado, como la corrupción administrativa y el empleo de medios ilícitos en la lucha política- han terminado por ser 'naturalizados',es decir, explicados a traves del discurso justificador.

La aceptación de que la Argentina sufrió y habrá de sufrir colapsos periódicos en razón de causas similares,más allá de las diferencias que establecen las coordenadas de tiempo e ideas, forman parte de cierto folklore popular que suele ironizar resignadamente acerca del fenómeno.

No hemos aún desarrollado vigorosamente la idea de que la violencia, como medio de zanjar diferencias, no admite su contemporización en razón de su origen ni de sus objetivos. El concepto de que el asesinato forma parte del plexo de riesgos que debe asumir quien se atreva a ejercer el poder contribuye desgraciadamente a la banalización del crimen y a la relativizacion de su atrocidad.

La polarización de la sociedad en torno de personas o sistemas lejos de amainar como correspondería en una evolución positiva, parece tomar nuevos bríos en nuestros días. Alegres y ciegos ríos profundos unen épocas y protagonistas por debajo de los hechos trascendentes de nuestra historia. Quizás en la compleja trama que los conecta pueda rastrearse la clave hermética que hasta hoy nos ha impedido la realización como sociedad en este incierto siglo XXI.

 
Sobre Sergio Julio Nerguizian

De profesión Abogado, Sergio Julio Nerguizian oficia de colaborador en El Ojo Digital (Argentina) y otros medios del país. En su rol de columnista en la sección Política, explora la historia de las ideologías en la Argentina y el eventual fracaso de éstas. Sus columnas pueden accederse en éste link.