INTERNACIONALES: ED FEULNER

Cien años de comunismo: una mirada a su legado de muerte y destrucción

El entonces presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt calificó al 7 de diciembre de 1941...
09 de Noviembre de 2017
El entonces presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt calificó al 7 de diciembre de 1941 como 'Un día que vivirá en la infamia', y por buenas razones.
 
La fecha en la que Tojo, del imperio nipón, lanzó el ataque sorpresa contra la base naval estadounidense en Pearl Harbor consignó el ingreso de los Estados Unidos en la sangrienta lucha de la Segunda Guerra Mundial.
 
Pero existen otras fechas que viven en la infamia, y muchas de ellas no son tan bien conocidas -aunque deberían serlo. Tómese el ejemplo del 7 de noviembre de 1917.
 
Ronald Reagan¿Le viene a Usted a la mente? Cien años atrás, este mes, los bolcheviques liderados por Vladimir Lenin derribaron al gobierno ruso, e instalaron una dictadura comunista. 'El mundo jamás volvió a ser el mismo', escribe Kim Holmes -experto en política exterior, en un reciente artículo del sitio web estadounidense Richmond Times-Dispatch.
 
¿Cuántos perecieron en el amanecer de aquella 'revolución'? Depende de a qué historiador decida Usted consultar. De acuerdo a Richard Pipes, la cifra alcanzó los nueve millones. Robert Conquest se remite a veinte millones, cuanto menos. Aunque consigna que el número llegó a tanto como casi treinta millones, en el 'Gran Terror'.
 
Si incluye Usted a las 'muertes no naturales', la cifra de quienes perdieron la vida podría incluso alcanzar los cincuenta millones de personas. Tómese en perspectiva: considere Usted que más de sesenta millones de personas fallecieron en la Segunda Guerra Mundial -lo cual equivale a un 3% de la población mundial en ese momento de la historia.
 
En resumen, toda vez que se la pondera en términos de carnicería humana -en lo que a vidas perdidas respecta-, la Revolución Rusa fue, en esencia, otra guerra mundial. De tal suerte que, ¿por qué el 7 de noviembre de 1917 no es tan notorio como el 7 de diciembre de 1941?
 
Esta discrepancia se presenta aún más contundente cuando uno considera los costos abarcativos del comunismo. La experiencia rusa, después de todo, inspiró a otras 'revoluciones', y su registro de genocidio masivo 'solo es superado por otra dictadura comunista, la China maoísta, que destruyó entre 44.5 y 72 millones de vidas (de acuerdo a Stephane Courtois). Y no hemos de olivdar los 'campos de la muerte de Camboya en los años setenta', dice.
 
¿Por qué esta historia no es tan conocida?

Stalin'[El líder soviético] Stalin aisló mayormente a los medios de comunicación, de forma tal que pocos ciudadanos en todo el mundo se enteraron de que millones de personas padecían hambruna allí', explicita John Stossel en una reciente columna de opinión. Y tuvo gran ayuda. 'Incluso el régimen ruso asesinó a millones; algunos periodistas e intelectuales encubrieron los crímenes'.
 
Pero la historia de comunismo no solamente se ve manchada por la pérdida de vidas. Su legado sobreviene de la mano de una asfixiante pobreza.
 
La mayoría de las 88 naciones calificadas como de 'economía reprimida' o 'carente de libertades' en el Indice de Libertad Económica desarrollado por el think tank estadounidense The Heritage Foundation son, o bien comunistas, o algún tipo de economía socialista. Y también se encuentran entre las economías más pobres del globo.
 
Y ese aspecto -a veces más cruento que el conteo de cadáveres- es lo que terminaría condenando al comunismo a su cadalso: las paupérrimas condiciones materiales a que se sometía a la población.
 


La expectativa de vida de los rusos en los años ochenta era seis años más baja que la exhibida por la Europa Occidental, de acuerdo al economista Nicholas Eberstadt. La mortalidad infantil era tres veces más elevada. Los índices de fallecimientos se incrementaban en cada grupo etario.
 
'Los rusos miraban a Occidente, y se encontraban a sí mismos horrorizados por su propio estado de pobreza', escribe Kim Holmes. 'Todo aquello que Occidente tenía -libertad y riqueza-, los rusos lo ambicionaban'.
 
Así es que, cuando el ex presidente estadounidense Ronald Reagan se paró frente a la Puerta de Brandenburgo en 1987 y urgió a Mikhail Gorbachov a 'derribar éste muro', lo que el mandatario hizo fue obsequiar voz a una frustración que había venido gestándose en todos aquellos que residían detrás de la Cortina de Hierro.
 
El muro finalmente se desmoronó; en gran medida, derribado por los múltiples fallos del propio comunismo.
 
Naturalmente que, aún hoy, los rusos deben lidiar con las consecuencias recurrentes de la revolución de 1917. 'Cada día, hacen frente a la corruptela y a la pobreza provocada no solo por un gobierno autoritario, sino por los hábitos sociales y problemas estructurales creados por el comunismo', sentencia el analista Holmes. Aún puede uno asistir a la devastación compartida por el sistema comunista, cuyos ecos resuenan por todo el país.
 
A la postre, muchos ciudadanos estadounidenses comprenderán por qué es necesario mantener vigentes a las libertades individuales aquí, tierra que el ex presidente Abraham Lincoln supo, con elocuencia, describir como 'la última mejor esperanza para la Tierra'.


Artículo original, en inglés, en http://dailysignal.com/2017/11/07/communism-turns-100-brief-look-death-destruction-wrought/

 
Sobre Edwin J. Feulner

Creador y Presidente de la Fundación Heritage, desde 1977 hasta 2013, habiendo contribuído al reconocimiento nacional e internacional del organismo. En 2013, fue sucedido en el cargo por el ex senador estadounidense Jim DeMint. Más información sobre Ed Feulner -en inglés- en http://www.heritage.org/about/staff/f/edwin-feulner