POLÍTICA ARGENTINA: JULIANA SANTILLAN

Argentina: el peronismo y la politización de la educación pública

Es sabido que el primer peronismo (1946-1955) utilizó a la escuela con fines políticos...
07 de Noviembre de 2017
Es sabido que el primer peronismo (1946-1955) utilizó a la escuela con fines políticos, al hacerla responsable de una campaña para consolidar consenso. En primera instancia, expandió su radio de acción en forma notable, esto es, democratizó el acceso, centralizó su administración, y luego introdujo innovaciones en el contenido de la enseñanza -contenidos que describían al régimen en forma positiva.

En paralelo a estas transformaciones, la literatura consigna que los gremios docentes en su mayoría se posicionaron en la vereda de enfrente al justicialismo, y que el gobierno ejercitó diferentes formatos de hostigamiento en perjuicio de los maestros desafectos. La bibliografía enumera -como rasgos característicos de la época- sumarios, suspensiones y traslados, además de notas en la prensa con reclamos del magisterio, que exhibían contenidos ideológicos y gremiales.

El escenario se caracterizó entonces por una aguda inestabilidad, no carente de contradicciones: un gobierno que interpelaba a un sector opositor -por caso, el de los docentes- como una suerte de difusor o de intermediario político. Este contexto, tan ambiguo como incierto, fuerza a preguntas vinculadas con la cotidianeidad de la escuela en aquellos años, sobre los que ahora poco se conoce. ¿Cómo experimentó la comunidad escolar la emergencia del peronismo y la intromisión tan directa de la política en sus quehaceres y dinámicas diarios, cuando quienes debían sostener la campaña a favor del peronismo revistaban del lado opositor? ¿Se trata realmente de una descripción apropiada, aquella que coincide a catalogar al magisterio como parte de la oposición?

Peronismo, escuela públicaA partir de 1952, la escuela fue utilizada por el poder político como instrumento para la difusión del ideario partidario peronista. En su conjunto, las innovaciones introducidas -tanto las que se referían a la gestión y a la ampliación del ámbito de acción de la escuela, como las que involucraban al ideario educativo- implicaban que el novedoso movimiento político otorgaba un lugar fundamental a la escuela en su proyecto. Así, pues, ¿cómo fue que el campo escolar en su conjunto experimentó la emergencia de esta nueva experiencia y los cambios que la misma introdujo? Esta suerte de indisimulada subversión de las formas aceptadas de la jerarquía y autoridad social vino acompañada de un notable grado de conflictividad que dividió a la sociedad en identidades y grupos irreconciliables: peronistas versus antiperonistas. Esta explicitación bipolar, a la postre, permearía la totalidad de los ámbitos de la vida pública.

La llegada de Juan Domingo Perón al poder generó un reordenamiento (al menos en términos simbólicos) de categorías y divisiones sociales. El peronismo como tal se nutrió en una importante porción del respaldo originado en sectores populares y, a través de su retórica pública, confirió a los grupos de trabajadores un protagonismo central en la vida social y política, hasta entonces desconocido. Adicionalmente, enalteció sus modos de vida y reafirmó el status de los sectores previamente considerados subalternos u oprobiosos, que habían conducido al destrato de la clase obrera –el 'descamisado'-. Su valoración consignó un cambio súbito.

El nuevo gobierno enfatizaba, por ejemplo, la presencia de los trabajadores -en franca contraposición a la 'oligarquía'. Este empleo político-partidario de los contenidos educativos se convirtió en algo inédito para la historia nacional. Aunque es bien conocido que la enseñanza pública en los tiempos previos a Perón no fue políticamente neutra, sino utilizada para propagar ideales cívicos y patrióticos, lo cierto es que, hasta entonces, jamás había sido utilizada como medio para la divulgación de proposiciones partidarias particulares.

Claramente, la difusión del ideario peronista a través de la escuela requería de la colaboración de los docentes; por lo tanto, implicaba portar una particular visión sobre estos agentes estatales. Un escrito publicado por el Ministerio de Educación para explicar los objetivos en torno a la educación del Segundo Plan Quinquenal declaraba al respecto que, si bien el cumplimiento de la doctrina nacional era 'obligatorio para todos los argentinos', era a la vez, 'para los docentes, sobre quienes pesaba esta obligación con mayor exigencia'.

Es que los docentes -tal lo concluía aquel folleto- se hallaban entre los responsables primigenios de la 'formación' del pueblo.

 
Sobre Juliana Santillán

Diseño y Gestión en Políticas Públicas, Provincia de Buenos Aires. Se desempeñó en la Oficina para la Reforma Municipal del Senado bonaerense.