SOCIEDAD: JUAN A. YARIA

Escuelas tomadas: la debacle de la ley

La violencia del trauma (violación) se agolpa en la memoria y, en su danza saltarina...
01 de Octubre de 2017
(...) Para fortalecer el proyecto ético de la humanidad, necesitamos no sólo unas instituciones dotadas de autoridad, sino unos ciudadanos dotados, también, de autoridad. El verdadero significado de "autoridad" se relaciona con el mérito.

J. A. Marina, Universidad para Padres, España

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La violencia del trauma (violación) se agolpa en la memoria y, en su danza saltarina, llena de culpas y autoacusaciones a Mirta -paciente de 16 años que atendí en muchas oportunidades, hace algunos años, en nuestra comunidad terapéutica. La veo frente a mí en su llanto, y me confiesa que, por primera vez, habla en un ámbito grupal de la comunidad terapéutica sobre el tema. Para ella, era necesario expresarse y, por cierto, llorar; como bases del olvido para que sedimente una experiencia. Como adolescente violada en una salida nocturna, no puede cerrar su herida, la cual habla a través de ella, sin anestesia. Intentó, por el camino de las drogas, suturar la herida. Pero sus dolores de potenciaron, agregándose otros nuevos. 
 
Leo, mientras tanto, la carta de una adolescente de 14 años, violada en una noche en el Nacional Buenos Aires. Las historias de ambas tienen no pocos puntos en común. Los ámbitos son distintos, conforme la escuela y el boliche así lo son, desde una mirada un tanto superficial. Hoy, parecen ser el reino del 'todo vale'. En otra escuela, la llamada 'toma' condujo al robo de computadoras y otros objetos de valor. Conforme lo hemos venido sentenciando desde este espacio, no hay ya adultos que encarnen un cierto código de vida y de ética. Emerge, entonces, ese 'todo vale'.
 
Padres, consejoMirta vivió en su casa una gran permisividad educativa unida al abandono y al desapego de sus padres adolescentes -competían también ellos en la estética, las salidas y los gustos. Son los padres 'pares' (padres adolescentes, sin más), olvidándonos que el padre debe ser 'impar', dada su función esperada, su edad y las expectativas éticas y de transmisión que se suponen. Jamás puede haber simetría con nuestros hijos. 
 
En las escuelas sucede lo mismo; allí, la trampa de la permisividad (mayor crisis de la educación familiar social y familiar hoy) remite, a la postre, en el desmoronamiento de toda norma (anomia) y en la tolerancia o permiso para la perversión (violaciones, robos, etcéteras). Es la nueva pedagogía libertaria que se logró consolidarse en la República Argentina en los últimos años, unido ello a la promoción desenfrenada de la caída de toda autoridad, por considerarla represiva. En el proceso, se somete a los protagonistas a prohibiciones y traumas severos por las consecuencias de los goces (placeres sin Ley) que se promueven. Los traumas abrevan y crecen como causa de esta pedagogía libertaria; el desapego y la ausencia adulta brillan en su eminente retirada. El desenfreno pulsional de la violación se oculta, se apaña; a posteriori, es lícito decir que el retiro de los adultos anuncia la criminalidad de aquéllos porque, en definitiva, el adulto que no aparece, jamás construye márgenes para el crecimiento del adolescente, y termina empujándolo hacia las fronteras de la frustración y del anonimato traumático -que deviene en la peor de las soledades.
 

Las pedagogías libertarias

En esta pedagogía libertaria, toda autoridad debe ser deconstruída. El resultado final es la dispersión, y todos nos quedamos sin nada: el nihilismo se consolida como conducta de vida. El escenario final se exhibe ilustrado por una suerte de religión del desencanto y de ocaso de los ideales. Se asiste al territorio del relativismo ético o del 'todo vale', que nuestro Minguito Tinguitella (aquel olvidado pero siempre bien ponderado filósofo popular encarnado por Juan Carlos Altavista) supo retratar en su colorida sentencia: 'Sé 'gual'.

Termina, pues, por avalarse la transgresión de toda norma, exagerándose el goce (lo que se llama un 'más allá del principio del placer'). En su criminosa ausencia, el propio adulto calla las consecuencias; las organizaciones sociales ya no están ahí para condenar las tropelías cometidas por los protagonistas de las 'tomas'. El resultado: un joven apegado definitivamente a la transgresión, y que hace de la exaltación del narcisismo el ombligo de su precoz existencia.

De igual manera, lo preanunció Discépolo -no sin su dosis de dramatismo- en el tango Cambalache, al aproximarse al germen de la decadencia argentina, ya desde mediados del siglo XX: 'Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor, no hay aplazaos ni escalafón, los ignorantes nos han igualao, lo mismo que sea cura, colchonero, Rey de Bastos, caradura o polizón'.

Como decantación, la sociedad asiste como testigo a la multiplicación de padres fallidos en el ejercicio de sus funciones, tanto en la familia como en la escena social y política. Sucede lo propio con el sistema educativo, que propicia y convalida la total disolución de los límites éticos, autoriza la transgresión de las normas, entroniza el goce fetichístico del cuerpo de la mujer cosificada, y exalta la confrontación ostentosa con las instituciones jurídicas, médicas y educativas. El Poder ilimitado rescata el disvalor de la impunidad, mientras se acelera la promoción del desprecio por las normas, en nombre de discursos seductores y de victimización de todos los protagonistas. El desenfreno pulsional y la arrogancia narcisista son celebradas a viva voz por ese mundo adulto, cómplice y criminoso.


Volver a los grandes 'de verdad'

Hemos de referirnos a tres grandes, que marcan un horizonte de reflexiones en esta oscuridad ética que nos inunda. Fueron estudiosos de lo que antes supo llamarse el alma humana.

Un grande del psicoanálisis, Jacques Lacan, explicitaba: 'La ley habla a través del padre, de una palabra de mujer o desde la muerte misma cuando lo otro no es escuchado'. La 'parca' está ahí cuando no escuchamos o no nos hablan, que es cuando se precipita un orden de confrontaciones, negociaciones, encuentros, desencuentros y consensos. La paternidad como símbolo va desde el padre de la familia hasta las distintas instancias de tipo institucional, a las cuales nos referimos como padres sociales. Una sociedad se edifica sobre esta función paterna, que vigila con celo a las nuevas generaciones. A ellas les transmite pautas de vida, convivencia y de triúnfo sobre la muerte.

Francoise Doltó, maestra francesa en el tema familiar, apuntó que los padres que dudaban de ellos mismos -esto es, del rol que deberían ejecutar- generaban síntomas tales como trastornos de conducta, precocidad en el contacto con el alcohol y drogas, y las más variadas perversiones.

Será momento de subrayar que, sin adultos, no hay adolescentes. Así lo declaraba el célebre analista estadounidense R. Erickson, en su extendida carrera trabajando con adolescentes. Tiempo después, Erickson sentenciaba: 'Sin confrontación del adolescente con el adulto, no hay crecimiento sano'. No hay confrontación, porque el lugar adulto ha quedado vacante. Se busca entonces, en la dura realidad, un límite (un paredón, el acto autolesivo, etcétera).

 
Sobre Juan Alberto Yaría

Juan Alberto Yaría es Doctor en Psicología, y Director General en GRADIVA, comunidad terapéutica profesional en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Los artículos del autor en El Ojo Digital, compilados en éste link.