POLITICA ARGENTINA: MATIAS E. RUIZ

Ejército Argentino, Sociedad Anónima

En oportunidad de los doce años de vigencia del ecosistema político kirchnerista...
10 de Septiembre de 2017
Quis custodiet ipsos custodes?

Juvenal (poeta romano)

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En oportunidad de los doce años de vigencia del ecosistema político kirchnerista, la cúpula del Ejército Argentino acentuó su preferencia por las irregularidades y los negocios non sanctos. En rigor, ese costumbrismo corrupto nada tenía de novedoso: acontecidos el desmoronamiento del Proceso de Reorganización Nacional y el advenimiento del Experimento Malvinas, las Fuerzas Armadas de la Nación acusaron sucesivos -y crudos- recortes de presupuesto. Lo cual no impidió que el generalato de la democracia se involucrara luego de lleno en episodios menores, como ser la explotación de soldados rasos para la ejecución de mandados personales (desde jardinería hasta lavandería) o en prolegómenos más intrincados (contrabando de armas livianas a favelas brasileñas y de material pesado a teatros de operaciones en el exterior -Ecuador, Croacia). Para colmo de la incredulidad, por ejemplo, actores centrales de magnitud como el General (R) Martín Balza jamás fueron alcanzados por el fuego graneado del rigor ideológico-político antimilitar de moda, aún cuando aquél aún porta consigo nutrido conocimiento en relación a los eventos que remataron en las remesas de armamento a Quito o a la ex Yugoslavia; sin minimizar, por cierto, la voladura de una instalación de Fabricaciones Militares en la localidad de Río Tercero, Córdoba. Ineludible delito de lesa humanidad, si los hay, a raíz de sus funestas consecuencias.

Milani, CajalEl predicamento, sin embargo, es que el vicio institucional supo ganar particular empuje desde el arribo del Teniente General César Gerardo Santos del Corazón de Jesús Milani al EA, por iniciativa de Cristina Elisabet Fernández. En una suerte de error no forzado y espasmódico -evidencialmente tardío-, la ex presidente demandó la activación de Milani bajo auspicios de su íntima amiga Nilda Garré (ex Ministro de Defensa, y declarada partenaire comercial del uniformado) porque, en lo táctico, desconfiaba en extremo de las fuerzas de seguridad federales y de la ex Secretaría de Inteligencia (hoy, AFI). A la postre, el rol de César Milani desde la jefatura del Ejército coincidía en asistir logísticamente en la implantación de un Estado satélite bolivariano con acento argentino; su ámbito de operaciones se hallaba bien definido, esto es, constituírse en el genius loci del comando de la seguridad y la inteligencia del país, en complementarización con Carlos Zannini (mandamás político en las sombras del proyectado Nuevo Régimen, con un Daniel Osvaldo Scioli encasillado en la proverbial figura de marioneta, no disímil al acting de Nicolás Maduro en Venezuela). Infortunadamente para los ideólogos del ensayo, las elecciones presidenciales de octubre de 2015 y la subsiguiente victoria de la Variable Cambiemos enviaron los bocetos al olvido. En pocas palabras, y de haber sido otro el resultado, éste hubiese consignado la asociación ilícita definitiva, esto es, la soterrada infiltración de instituciones de la Nación para consolidar un servomecanismo de naturaleza autoritaria, con una élite llamada a quedarse con la suma del poder y gruesas porciones del PBI nacional, una población a futuro sometida a la miseria, y una impiadosa intelligentsia llamada a oficiar de comisariato político -tal como puede verse hoy en Caracas, La Habana, Managua o Pyongyang.

Joaquín Conrado PereyraIncidental (y no casualmente), el aterrizaje del Teniente General Milani en el Arma dio inicio con la cooptación absoluta del aparato de la inteligencia castrense, en la que se designó de manera discrecional a individuos que suscribían con absoluta lealtad a su liderato y prerrogativas. En simultáneo, se dio a conocer la publicación de un listado secreto de activos encubiertos en Revista Veintitrés (del dudoso empresario Sergio Szpolski), maniobra ejecutada en tándem por el Suboficial Mayor Joaquín Conrado Pereyra, la señora esposa de éste, y el Coronel Mayor Dambrosi -socios del general-, con intermediación del businessman peronista K Mario Montoto. La iniciativa había partido originalmente del ideario de Nilda Garré, pero Milani aprovechó la ocasión para imprimirle un sesgo comercial, de la que sacarían provecho él y sus camaradas. Y así lo hicieron, eventualmente: merced a su cercanía con Milani, Pereyra se las arregló para designar a alrededor de tres centenares de activos en las filas del espionaje militar, a quienes les confiscaba el 50% de su salario neto. El referido reside hoy en una propiedad de 400 metros cuadrados, en Caseros, Provincia de Buenos Aires, mientras que su mujer reviste carácter de PCI (Personal Civil de Inteligencia), percibiendo una paga equivalente a treinta años de servicio -aunque su expediente apenas consigna cuatro. Por su parte, Dambrossi también tuvo motivos para regodearse a partir de la cosecha legada por la Operación Veintitrés: echando mano de su cuota, pudo escriturar un departamento en el estado americano de la Florida.

Francisco José Cajal, Teniente CoronelEn la caída del telón, César Milani terminó invirtiendo mayor atención y esmero en incrementar el propio pecunio, antes que en recurrir a la estrategia. Por estas horas, cumple prisión preventiva en el penal de Ezeiza por delitos que versan sobre derechos humanos, en tanto avanza contra él una causa por enriquecimiento ilícito. Al día de la fecha, el uniformado no ha podido siquiera justificar el origen de los fondos con que adquirió una ostentosa casa en La Horqueta -en cercanías de San Isidro, Provincia de Buenos Aires-, cuyo valor de mercado supera el millón de dólares estadounidenses. En este capítulo del relato, emergen otras personas de interés: el Teniente Coronel catamarqueño Francisco José Cajal -en la foto superior, detrás de Milani; y en soledad, foto hacia la izquierda-, jefe del Sexto Regimiento de Tanques Blandengues (Provincia de Entre Ríos) y el Mayor Ernesto Barreiro, amigo declarado del colorido general cristinista (foto, en signo de 'V' con los dedos). El General Milani adujo poder hacer frente a la adqusición de su propiedad en La Horqueta, recurriendo a un 'préstamo' concedido por Barreiro, pero fuentes intachables en el orbe militar ponen bajo escrutinio esa declaración. En contrario, la cifra de US$200 mil con la que Barreiro habría contribuído a las arcas de César Milani Ernesto Barreiroconducirían necesariamente a la pista del citado Teniente Coronel Cajal; en éste punto, el anecdotario remite a valijas con dinero en efectivo que enlazarían a Cajal con Barreiro, toda vez que el último tampoco podría justificar la enajenación de semejante cantidad, ponderándose debidamente sus ingresos. Asimismo, en derredor de Cajal se tejen versiones próximamente llamadas a confirmarse con información específica, al respecto de la difusa administración de numerosas hectáreas localizadas en el interior del país -apartado en donde cobrarían crítica relevancia intermediarios o testaferros. Dicho sea de paso, el Teniente Coronel Cajal es hombre de extrema confianza no solamente de César Milani, sino también de Diego Suñer, 

Diego Suñer

Jefe del Estado Mayor del Ejército Argentino (JEMGE; foto, derecha). Corolario: Suñer -según se insiste en determinados circuitos- jamás podría desconocer los alcances del laberíntico entramado. En tal sentido, pende sobre la cabeza del Jefe del Estado Mayor una filosa espada de Damocles, por cuanto tampoco podría desentenderse del suculento negocio que edulcora la designación de PCIs, a saber, que el depósito de haberes para este segmento del personal castrense siempre acusó demoras inexplicables. Acaso esos giros tardíos hacia cuentas del Banco Nación pudieran ser explicados en función del 'modelo hormiga' de bicicleta financiera que permitió que bien identificados actores de reparto especularan impunemente con los fondos. En el aquelarre bajo análisis, será inevitable reparar también en la figura del Coronel Mayor Marcelo Granitto, 'López Rega II' y contador de facto del milanismo, quien luego debió ser desplazado por Milani a raíz de explicitarse la participación del Coronel en el affaire de La Tablada. Los antecedentes y la desaprensión que caracterizaron a Granitto (de aceitadas conexiones con el ex jefe comunal de Ezeiza, Alejandro Granados) no eran intrínsecamente buenos para el negocio, que luego sería delegado en Cajal.

En cualesquiera de los casos, será el flamante Ministro de Defensa Oscar Aguad (Twitter: @OscarAguadCBA) quien inquiera al JEMGE al respecto de quién habrá de ser el depositario de tan palmaria responsabilidad. Horribile dictu, y aunque sería lícito suponer que el propio Milani no se atreverá a confesarlo, no faltan quienes afirman que quizás haya sido la ingeniería de esas mesas de dinero intraejército la que coadyuvó al General en la recolección de la masa crítica necesaria para que él pudiese escriturar su soñada mansión.

En el epílogo, existe un costado eminentemente político en la debacle de César Gerardo Santos del Corazón de Jesús Milani, que no ha de quedar al margen. En su derrumbe, el General del Modelo ha contribuído a hacer trizas la construcción retórico-ideológica pretendidamente revolucionaria y derechohumanista del ADN kirchnerista. Por transitividad y propia dinámica, también arrastra a la Señora de Kirchner, forzándola a compartir su cadalso.



Lectura complementaria

Del autor: La Argentina y el G-20; disquisiciones en materia de Seguridad. 29 de agosto de 2017, en bit.ly/2wTmgEC
 
Sobre Matias E. Ruiz

Es Analista en Medios de Comunicación Social y Licenciado en Publicidad. Es Editor y Director de El Ojo Digital desde 2005.