ESTADOS UNIDOS: PHILIP GIRALDI

Los tweets de Trump no perjudican a la seguridad nacional

Ex oficiales de inteligencia -en rol de 'Casandras'- fogonean la crisis en tanto buscan la autopromoción.
14 de Julio de 2017

No hace mucho tiempo atrás, mi esposa y yo -en un momento de rabia- decidimos cancelar nuestras suscripciones al Washington Post y al New York Times, el mismo día. Casi optamos por prender fuego copias de ambos matutinos en una fogata en nuestro jardín, aunque nos mostrábamos felices de poner fin a nuestros vínculos con las principales fuentes estadounidenses de propaganda gubernamental y furiosas fake news. Y la cereza del postre para nuestra liberación se vio rematada con una bella copa de un buen pinot noir del estado de Oregon.

Lo cierto es que cada vez nos mostrábamos más furiosos ante la recurrente difamación que se hacía del candidato Donald Trump -aún tras su inauguración, y sin permitirle equivocarse. Pero la verdadera razón para cancelar nuestra suscripción a los matutinos de estilo anticuado fue la horrenda cobertura que hacían sobre Rusia en general, y de lo que sucedía en Siria en particular. Ambos periódicos seguían repitiendo el modo en que Moscú había interferido en la elección presidencial americana, y que Siria estaba empleando armamento químico, sin proporcionar evidencia alguna para ambos informes -y tal fue la 'línea definitiva' de la que echamos mano para decidir qué tipo de publicaciones podían ingresar a nuestro hogar.

Donald TrumpEl no contar ya con los periódicos implicó, para nosotros, evitar la llegada de grueso sensacionalismo periodístico que explicaba, con algún detalle, por qué Estados Unidos tenía obligación de intervenir militarmente en prácticamente cualquier geografía del globo y en simultáneo -pero también nos perdimos de acceder a contenidos verdaderamente locos. Un artículo de opinión en el Washington Post que me perdí (publicado el 23 de junio), pero que redescubrí recientemente, fue intitulado de ésta manera: 'Esto es lo que los espías del extranjero ven cuando leen los tweets del presidente Trump'.

Conforme pocos ciudadanos estadounidenses ponderan que los tweets de Donald Trump son, en realidad, documentos clasificados, y alguna vez fui yo un espía, descubrí que el título de la pieza era intrigante, y decidí involucrarme y leerlo. En primer lugar, tomé nota de la autora: Nada Bakos, quien se describe a sí misma como ex 'analista de la CIA y oficial de objetivos'. Nunca supe qué era aquello de 'oficial de objetivos' [target officer], pero el artículo siguió adelante, sin más.

A partir de una páginaque publicitaba su próximo libro en Amazon, Nada trabajó como una 'analista en el equipo que tenía por misión analizar la relación entre Irak, al-Qaeda, y el 9/11'. Amén de las redundancias, conforme no existían evidencias reales que vinculaban a Irak, a al-Qaeda y al 9/11, uno se pregunta cómo reaccionó Bakos cuando el Director de la CIA George Tenet y el entonces Vicepresidente Dick Cheney llegaron golpeando a su puerta, insistiendo en que debía existir un vínculo como para justificar la guerra. Según se informó entonces, algunos analistas de la CIa se rehusaron a certificar que Irak estaba cooperando con al-Qaeda para poner en marcha los atentados del 9/11, de tal suerte que Bakos así lo entendió y se plantó en sus creencias.

Luego de ello, Bakos se convirtió en la 'jefa de objetivos' que trabajó sobre el célebre Abu Musab al-Zarqawi, personaje que alcanzaría el rango de Primer Emir de al-Qaeda en Irak, previo a perder la vida en un asesinato 'de objetivo' por parte de fuerzas estadounidenses en 2006. 'Mi vida en la CIA, en la Cacería del Padrino de ISIS', se refiere al rol de Bakos a la hora de rastrear y ultimar a al-Zarqawi. Al pasar, yo apuntaría que al-Zarqawi era un verdadero monstruo, y que bien tenía merecido el final que le tocó.

En cualquier caso, la promoción de Amazon sigue, apuntando que, 'tras veinte años en el campo de la inteligencia y el mundo corporativo, la Señorita Bakos actualmente se ocupa de temas de seguridad nacional y estabilidad regional en todo el globo'. En algún punto, uno podría observar que la 'estabilidad regional' es palabrerío de buenas intenciones para el gobierno americano, lo cual significa exactamente lo mismo que 'intervención humanitaria' o 'responsabilidad de proteger', ambos de los cuales son principios políticamente correctos que, presumiblemente, se tipifican en algún apartado de la Constitución de los Estados Unidos de América. O quizá, no.

Así es que, ¿qué tiene Nada Bakos para decir sobre los tweets de Trump? Bueno, las agencias de inteligencia de todo el mundo están, en apariencia, ocupadas intentando analizar esos tweets porque 'están intentando determinar qué vulnerabilidades podría tener el presidente estadounidense. Y él está dándoles mucho con qué trabajar. El Twitter feed de Trump es una mina de oro para todas las agencias de espionaje del extranjero'.

Bakos se enreda, buscando enfatizar la importancia del aprendizaje que una agencia de inteligencia ejercita al respecto de todo lo que hay disponible sobre un jefe de Estado. Ella se respalda en su propia experiencia, recapitulando cómo, 'en la CIA, me dediqué a rastrear y a analizar a terroristas, y a otros enemigos de los Estados Unidos, incluyendo a Corea del Norte. Pero jamás habíamos tenido una fuente tan rica de inteligencia en crudo sobre un líder mundial, y ciertamente nunca habíamos tenido la oportunidad de que nuestros adversarios (y nuestros aliados) pudiesen echar un rápido vistazo a las preocupaciones de un líder mundial, sus detalles de personalidad y manera de pensar. De haber sido así, ello hubiese representado ventajas significativas para nosotros, a la hora de lidiar con ellos'.

Y ahí fue cuando empecé a perder el tino. En primer lugar, he de decir que el aprendizaje que uno podría cosechar en relación a los hábitos y actitudes de líderes terroristas a criterio de anticipar qué podrían llegar a hacer (de tal suerte que uno pueda liquidarlos), es bastante diferente a evaluar qué podría decir o hacer el legítimo líder de un gobierno, basándose en su personalidad. Dudo seriamente de que existan equipos de analistas de inteligencia, como afirma Bakos, sentados en alguna silla por ahí, preocupados sobre el profundo significado de los tweets de Donald Trump. Podría, al cierre, no haber ningún significado profundo y, desde lo personal, creo que Trump es relativamente transparente. Narcisista, veloz para pasar a la ofensiva, impulsivo, poco predispuestos a evaluar 'detalles' -él es así. De tal forma que, ¿qué hay a la mano para evaluar más que eso?

Sospecho que el artículo de referencia fue escrito para comerciar mejor un libro, y para devaluar a Donald Trump desde un ángulo novedoso; uno que podría, razonablemente, ser descripto como bizarro. Cualquier elemento de verdad que pudiere contener el artículo, termina siendo sobrepasado por la hipérbole. Bakos cita cómo los sauditas pudieron explotar su propia evaluación de inteligencia sobre Trump con la meta de publicar relatos periodísticos favorables a su persona, e ilustrar el camino de Trump desde el aeropuerto con material a su favor. Pero, siendo que los elogios pueden llevarlo a uno muy lejos, semejante actividad no es necesariamente una evaluación profunda al respecto de cómo ganarse la simpatía del nuevo sheriff del pueblo. No habría que ser un genio para percatarse de que a Trump le gusta ser celebrado, y es altamente probable que los sauditas hubiesen llevado adelante idéntico esfuerzo si se tratase de cualquier otro presidente estadounidense.

Y podría uno agregar que, a juzgar por la breve biografía de la autora Bakos, ella probablemente hizo su propio 'análisis' y su 'rastreo' desde la comodidad de un despacho en la oficina central de la CIA. Me pregunto cuánto tiempo ella invirtió realmente en evaluar a líderes extranjeros, en forma cercana y en trato personal. Conozco, por propia experiencia, que nadie en Langley hubiese invertido mayor tiempo ni esfuerzo en realizar perfiles de personalidad. Eso quedaban, en las oficinas centrales, en manos de muchachos y muchachas que terminaban en el sótano y revisaban metódicamente viejos artículos de periódicos. Como oficial de casos de la CIA que supo vivir en cuatro países distintos del extranjero, mi recuerdo es que nadie jamás exhibió el menor interés en los raptos de líderes de otros países. Ellos eran parte del ruido de fondo, que hacía al trabajo exterior. Mientras que nos hubiese encantado reclutar a algún primer ministro, tanto como fuente de información o como agente de influencia, en rigor era de bajísima prioridad el dar un paso atrás para preocuparse por excentricidades personales de cualquier mandatario.

Conforme lo recuerdo muy claramente, el Departamento de Estado solía tener bases de datos del estilo 'perfil del líder' ya bien organizadas, en términos de ponderar las intenciones de gobiernos extranjeros y la predisposición de personajes clave en gobiernos anfitriones. Los oficiales del Servicio Exterior de Estados Unidos sí suelen reunirse con oficiales senior de gobiernos extranjeros, asistir a sus recepciones, almorzar con aquéllos, y asistir a sus fiestas y convites. Los FSOs estaban muy bien entrenados para realizar evaluaciones, para luego escribirlas y remitirlas a tomadores de decisión en Washington. Tal era su trabajo, y eran muy buenos en él.  

De tal suerte que, no: no 'compro' la idea de que los tweets de Donald Trump vuelvan más vulnerable a Estados Unidos desde la perspectiva de la seguridad nacional, ni que existan oficiales de inteligencia hostiles en alguna parte que usen computadoras para llevar a cabo 'análisis de contenido sobre los tweets del presidente', como Bakos escribe. Sí creo, sin embargo, que existe una gigantesca industria encubierta a nivel nacional que busca hacer todo lo que sea necesario para deslegitimar a Trump, y el pobre artículo de Bakos consigna sólo otro ejemplo de lo que está orquestándose en los medios de comunicación tradicionales para tal fin. El juicio debería centrarse en qué tipo de presidente tenemos, y Trump ciertamente no se ayuda a sí mismo, dada su poca predisposición a jugar el juego y a actuar como un presidente. Pero la afirmación de que el uso que Trump da a su cuenta de Twitter y que esa actitud vuelve al país menos seguro es, de por sí, un sinsentido.



Artículo original en inglés, en http://www.theamericanconservative.com/articles/trumps-tweets-are-not-harming-national-security/

 

Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios de EE.UU., y Director Ejecutivo del Council for the National Interest. Publica periódicamente en inglés en The American Conservative; en español, en El Ojo Digital.