ESTADOS UNIDOS: PHILIP GIRALDI

¿Por qué fue despedido James Comey?

La explicación sencilla versa que Trump no confía en él en lo absoluto.
10 de May de 2017
El despido del Director del FBI, James Comey, podría haber caído como una sorpresa para algunos -más particularmente en los medios-, pero había cierta percepción de inevitabilidad en relación a la declarada incapacidad de la Oficina Federal de Investigaciones a la hora de navegar en las aguas que se agitaron desde el verano pasado en EE.UU., y que han continuado agitadas desde entonces. La reacción inicial que pudo ser motorizada por los recientes comentarios de Comey en relación a los emails de Huma Abedin podría alejarse de la verdad, conforme ese tema no fue puesto bajo escrutinio ni por el Fiscal General Jeff Sessions ni por la Casa Blanca en sus explicaciones escritas sobre lo que sucedió y por qué.
 
James ComeyLa explicación más ampliamente aceptada para el despido versa que fue llevada a cabo por la Casa Blanca a los efectos de provocar disrupción en la investigación actual sobre el aparente involucramiento ruso en la elección presidencial americana, y en relación a sugerencias de que pudo existir connivencia entre algunos funcionarios de la campaña de Trump y los rusos. Pero tal argumento carece de credibilidad por cuanto la acción hubiese comportado un efecto contrario, dotando de energía a Republicanos y a Demócratas en el congreso para que agiten la necesidad de un consejo independiente que investigue la cuestión. Y los profesionales del FBI en el equipo investigativo ciertamente no detendrán su trabajo, ahora que Comey se ha ido. Conforme lo ha dicho la Senadora Republicana por Maine, Susan Collins: 'El presidente no despidió a la totalidad del FBI. Despidió solo al Director'. Agregó luego que tenía 'toda la confianza' en que la investigación continuará como venía hasta aquí.
 
Las expresiones de parte de la Casa Blanca y de Sessions remiten a dos aspectos. El primero es el manejo poco profesional que Comey hizo sobre la investigación de los emails de Hillary Clinton, donde primero decidió no acusarla por enajenar información clasificada y luego reveló al público que la investigación había sido reabierta poco antes de la elección, posiblemente influenciando los resultados. Este es un asunto de gravedad, dado que Comey quebró todo precedente al hacer públicos detalles que versaban sobre investigaciones del FBI que, normalmente, serían tenidas por confidenciales. Uno ciertamente podría argumentar que se trata de una extraña afirmación la que hace la Casa Blanca, dado que la reapertura de la investigación ayudó, sin dudas, a Trump, pero quizás debió ser vista como un intento de crear alguna suerte de consenso bipartidista sobre el hecho de que Comey expuso actividades de la Oficina que debieron permanecer secretas.
 
El segundo asunto citado por Sessions y la Casa Blanca remitió a la incapacidad de Comey de 'liderar con eficiencia al FBI', dado lo que tuvo lugar desde el verano. Y se trata de una preocupación legítima. Cuando la investigación contra Clinton fue archivada, se registró un considerable disenso en el Bureau, con muchos de los rangos medios estimando que la egregia manipulación de información claisifcada debió comportar consecuencias, aún si Comey tuvo razón al referir que la acusación no daría lugar a un proceso penal.
 
Y la manipulación del 'Russiagate' también enfureció a muchos agentes experimentados que creyeron que la confianza en la vigilancia electrónica y la información derivada de agencias de inteligencia era el modo incorrecto de proceder. Algunos exigieron se cuestione a los sospechosos de la campaña de Trump que emergieron en las fases iniciales de la investigación, maniobra que fue vetada por Comey y su equipo. Sería certero afirmar que la moral del FBI se desmoronó como resultado de aquello, con muchos oficiales junior y de nivel medio abandonando sus empleos para explotar sus antecedentes en seguridad en el lucrativo sector de los contratistas gubernamentales.
 
Ha habido considerable humareda en relación a los emails de Clinton y los alegatos de interferencia rusa en la elección pasada pero, por mi parte, sospecho que hubo relativamente poco fuego. Conforme dijera Comey, el intento de acusar a una ex Secretario de Estado bajo cargos de manipulación incorrecta de información sin la capacidad de demostrar dolo sería un error y, a la postre, hubiese fracasado. Ninguna investigación adicional hubiese modificado ese destino.
 
En lo que respecta a los rusos, aún estamos esperando que surja evidencia que demuestre que Moscú tuvo la intención de modificar el curso de la elección estadounidense. Investigaciones futuras probablemente no den lugar a datos nuevos, aunque sin lugar a dudas resultarían en una modificación del relato político para explicar lo que ya se sabe. Resulta inimaginable que Michael Flynn, contabilizando todos sus fallos, acordase trabajar en favor de intereses rusos, mientras que otros nombres que han emergido como personas de interés en el caso difícilmente estaban en posición de influenciar la agenda de Trump. No hay evidencias aquí de 'candidato manchuriano' alguno.
 
En lo personal, estimo que la explicación más sencilla para el despido de Comey es la más probable: a Donald Trump no le agrada demasiado Comey, y no le tiene la menor confianza. Mientras que es conveniente creer que el Director del FBI opera independientemente de los políticos que administran el país, la realidad es que él o ella trabajan para el Fiscal General quien, a su vez, trabaja para el presidente. Tal es el formato de la cadena de mando, guste o no. Cualquier presidente estadounidense puede insistir en contar con un equipo de seguridad nacional con el que se encuentre a gusto, y si Trump está dispuesto a recibir munición gruesa de parte del congreso en relación a un tema sobre el que él entiende que tiene derecho a tomar decisiones, pues entonces habrá de hacer lo que corresponde para tener a alguien con quien pueda trabajar en el FBI.


Artículo original en inglés, en http://www.theamericanconservative.com/articles/why-was-comey-fired/

 
Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios de EE.UU., y Director Ejecutivo del Council for the National Interest. Publica periódicamente en inglés en The American Conservative; en español, en El Ojo Digital.