ESTADOS UNIDOS: PHILIP GIRALDI

¿Se convertirá el Russiagate en un Obamagate?

La más reciente celebridad del 'Russiagate'es un ex allegado a Donald Trump, cuya identidad coincide...
13 de Abril de 2017
La más reciente celebridad del 'Russiagate' es un ex allegado a Donald Trump, cuya identidad coincide con la de Carter Page. Page, quien supo desempeñarse en las oficinas de Merrill Lynch en Moscú y habla idioma ruso, es banquero e inversor; a comienzos de 2016, era parte de un grupo amorfo que ofrecía consulta a Trump en lo que hace a política exterior. No existe evidencia que sugiera que alguna vez Page fuera siquiera un 'insider' en la campaña del multimillonario -más bien, al contrario. The Washington Post informa que Page intentó en varias oportunidades reunirse directamente con Donald Trump, pero que tales intentos fueron rechazados.
 
Entonces, ¿a qué se debe la alharaca? Page parece haber sido objetivo de la inteligencia rusa durante bastante tiempo, aún cuando él no portaba información sensible para ofreceer a nadie, y cuando la presunta relación llegó a término mucho antes de la campaña presidencial de 2016. La posibilidad de que Page fuera alguna suerte de agente de influencia bajo control de Moscú cercano a Donald Trump, sin embargo, ha sobreexcitado a los críticos del Partido Demócrata que han estado buscando alguna evidencia sólida para certificar la subversión rusa del proceso electoral estadounidense. Asimismo, ha proporcionado algunos detalles en relación a la historia sin fin de espías versus contraespías, en tanto sugiere que la Administración Obama no ha sido del todo inocente en lo vinculado a la investigación del FBI -que intentó rastrear a cualquier persona allegada a Trump.
 
FISA, corte, Estados UnidosTéngase presente que los oficiales de inteligencia viven su día a día y ascienden de posición, respaldándose en las 'cabelleras cortadas' que se anoten (si hay que remitirse a una expresión muy utilizada en la CIA), lo cual significa que, para ello, es preciso reclutar a posibles fuentes de información. Page fue -y, de alguna manera, sigue siéndolo- un experto en cuestiones energéticas y, gracias a haber invertido un tiempo prudencial en Rusia, también tiene algo de rusófilo. La combinación podría ser muy atractiva para un oficial de casos ruso que necesitase contar con un activo, de tal suerte que quizás no sea sorpresa que Page se tropezara con el diplomático ruso Victor Podobny en una conferencia sobre energía en la ciudad de Nueva York. Rápidamente, ambos establecieron intereses recíprocos en lo que hace a desarrollos de la industria energética y Page, en apariencia buscando oportunidades de negocio o de inversión, eventualmente compartió algunos documentos no clasificados que había preparado para el mencionado ruso.
 
El haber compartido documentos es un objetivo crítico para cualquier oficial de casos. La presunción es que, una vez que los documentos son proporcionados por el objetivo, y que se registra un conveniente ruido sobre cómo ellos podrían derivar en magníficas oportunidades de negocio, esto conducirá a la recepción de papeles que son más sensibles en su contenido. Entonces, el agente de prospectiva sería contactado, llevando a su eventual aceptación de dinero, o de algo que sirva para sellar el acuerdo. Si la transacción es del todo ilegal, pues mucho mejor, conforme el objetivo se verá compelido a no revelar la profundidad del involucramiento -por miedo a quedar expuesto.
 
De tal suerte que Page compartió los documentos con Podobny, sin saber que este último era un oficial de inteligencia. Pobodny, a su vez, no pensó demasiado en su nuevo prospecto, comentando luego a un colega -en una conversación telefónica interceptada- que Page era un 'idiota' que 'quería ganar un montón de dinero'. Pobodny observó que todo llevaría a intercambiar 'un favor por otro', habilitando al ruso para explotar a Page por cualquier información de valor que pudiera poseer, previo a descartarlo. La saga de Page llegó a su fin cuando Pobodny (utilizando cobertura diplomática) fue expuesto y expulsado de los Estados Unidis bajo la etiqueta de 'persona non grata', en 2013. Page fue entrevistado por el FBI, pero se determinó que no había puesto en peligro información confidencial alguna.
 
Pero el relato no terminó allí. Tres años antes, en julio de 2016, el FBI obtuvo una orden judicial FISA (Foreign Intelligence Surveillance Act) para monitorear las comunicaciones de Page quien, en ese momento, estaba vinculado a la campaña presidencial de Trump. Se ha comentado que Page se convirtió en persona de interés, luego de reunirse con algunos rusos no identificados, pero la única evidencia que ha emergido -relacionada posiblemente con eso- es un reclamo de que, en julio de 2016, él se había reunido con Igor Sechin, jefe ejecutivo de la firma de energía Rosneft y, según se ha dicho, amigote de Vladimir Putin. Page ha negado que esa reunión siquiera tuvo lugar. El matutino Washington Post afirma que Page ofreció un discurso en Moscú, 'duramente crítico de la política de los Estados Unidos hacia Rusia'.
 
La orden FISA fue, presuntamente, otorgada como base en aquel periplo moscovita. Como ex oficial de inteligencia, puedo certificar que el reclutamiento de una persona que es, potencialmente, un candidato presidencial en cualquier país, es un premio digno de ir a por él. Ese rol es calificado como 'agente in situ' o 'agente de influencia', pero el valor es que proporciona un eventual acceso a lo que un líder extranjero pudiera llegar a tener intenciones de hacer. Y esto es mucho más valioso que una pila de emails. Así es que la posibilidad de que la inteligencia rusa se percatara del acceso potencial que Page hubiese podido aportar, y que oficiales rusos actuaron sobre esa prerrogativa, no debería descartarse. Y, por cierto, es incluso posible que nada de aquello sucediera, y que los rusos no se diesen cuenta de lo que tenían -dejando a un lado la visita de Page a Moscú.
 
En cualquier caso, algún día podríamos enterarnos de qué fue lo que sucedió -o, posiblemente, no. Pero otra cosa que es bien clara es que la Administración Obama no dudó en perseguir a alguien de quien se presumía era cercano al candidato del GOP, Donald Trump, basándose en evidencia que pudo o no ser sólida. Por propia cuenta, Page denunció a la orden FISA como 'injustificada' y como parte de una acción de 'vigilancia políticamente motivada por el gobierno'. Téngase en cuenta que una corte FISA tiende a aprobar casi la totalidad de los requerimientos para órdenes, conforme no suele hacer demasiado para desafiar al Poder Ejecutivo.
 
La defensa que el presidente Obama y la ex Consejera de Seguridad Nacional Susan Rice han presentado, afirmando ambos que nada conocían sobre investigaciones altamente sensibles y de alto contenido político desde el FBI, son -naturalmente- carentes de sentido. El pedido de Rice para conocer la identidad de ciudadanos estadounidenses que surgen en las transcripciones de intercepciones de conversaciones telefónicas revela que existía allí una alta ponderación de las dimensiones políticas devueltas por los hechos. Y Rice, sin dudarlo, hubiese coincidido con su jefe, lo cual -nuevamente- vuelve a sugerir que el reciente capítulo del 'Russiagate' podría, a fin de cuentas, convertirse en un 'Obamagate'.


Artículo original en inglés, en http://www.theamericanconservative.com/articles/will-russiagate-become-obamagate/

 
Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios de EE.UU., y Director Ejecutivo del Council for the National Interest. Publica periódicamente en inglés en The American Conservative; en español, en El Ojo Digital.