POLÍTICA ARGENTINA: PABLO PORTALUPPI

Argentina y el sindicalismo: las lecciones de la Historia

Cuando el Gobierno de Mauricio Macri, tonificado luego del 1A...
12 de Abril de 2017
Cuando el Gobierno de Mauricio Macri, tonificado luego del 1A y del ambiguo paro del jueves 6, decide confrontar con el sindicalismo, debería tomar algunos recaudos. Del presente y de los que enseña la historia. 
 
El escenario actual ofrece a gremios clasistas y combativos, como el SUTEBA de Roberto Baradel, que quizá dentro de un mes pase a manos del trotskismo. Junto a ellos, las numerosas organizaciones sociales y los grupos piqueteros, la gran mayoría identificados y vinculados al kirchnerismo. El objetivo de estos es uno y solo uno: erosionar al Gobierno Nacional. Y si la consecuencia de estos actos es que el Presidente se vaya en helicóptero, mucho mejor.  Del otro lado, habita el sindicalismo ortodoxo, inoxidable, negociador. Los “gordos” de la CGT.
 
Macri, sindicalistasEl Gobierno parece decidido a incluir a todos en la pelea. O al menos, quiere negociar con ellos desde una posición de fuerza. La que le dio la movilización a favor suyo y la decisión de los docentes de la provincia de Buenos Aires de no hacer más huelgas. Para ello, vuelve a agitar el fantasma de la democratización de los gremios. Más allá de cualquier matiz al respecto, se trata de un debate necesario que debe darse la sociedad argentina. Pero la historia muestra que la experiencia del ex Presidente Raúl Alfonsín no fue buena.
 
La llamada “Ley Mucci”, enviada al Congreso en diciembre de 1983, a pocos días de haber asumido el nuevo Gobierno democrático, se proponía, en sus aspectos más importantes: eliminar la CGT única y el sindicato único por actividad, obligaba a incorporar las minorías a la conducción de los gremios, impedía la reelección de los secretarios generales, y prohibía a los jerarcas sindicales militar en algún partido político. En otras palabras, se trataba de reordenar y democratizar la actividad sindical. Hoy, la administración macrista se propone algo similar. ¿Será cierto o se trata solo de una herramienta de negociación para lograr el apoyo del sector?
 
Aquella ley naufragó en el Senado en Marzo de 1984, controlado por el peronismo y con la inestimable ayuda del Movimiento Popular Neuquino de los Sapag. De haberse aprobado, quizá la historia del país hubiera sido muy distinta. Uno de los puntos esenciales de aquel proyecto era el de prohibir a los sindicalistas militar en un partido, léase el justicialismo.  Es que pocos recuerdan que una de las grandes conquistas de Juan Domingo Perón en su primera presidencia fue cooptar a los sindicatos de entonces, que mostraban resistencia a incorporarse al por entonces Partido Laborista. Una vez logrado, el sindicalismo fue el músculo y el corazón del peronismo, tanto en el exilio del líder como en las veces que fueron oposición. También, hay que decirlo, muchos caciques sindicales negociaron con los gobiernos militares, en especial con Juan Carlos Onganía y con el Proceso iniciado en 1976. En el presente, los líderes de la CGT ven amenazadas sus comarcas por el avance de la izquierda y el clasismo. No hay nada mejor para el Gobierno que ese escenario. Y nada más peligroso.
 
En los últimos días importantes analistas recordaron el derrotero fallido de la Ley Mucci. Pero pocos recuerdan un hecho tal vez más trascendente durante la gestión de Alfonsín: la conformación del llamado “Grupo de los 15”. En los hechos, fue una suerte de alianza con los gremios más fuertes, entre ellos los fallecidos Jorge Triaca (padre del actual Ministro de Trabajo) y Diego Ibañez (petroleros), y el interminable Armando Cavalieri (Comercio), entre otros. Le prometieron al gobierno radical todo el apoyo a cambio de algunas peticiones. En criollo, le vendieron al alfonsinismo todos los buzones habidos y por haber. Mientras el oficialismo lo único que logró fue que la CGT de Saúl Ubaldini no hiciera paros generales por unos meses, los sindicalistas lograron todo: se restituyó el manejo clave de las obras sociales a los sindicatos, se instrumentaron las aún vigentes paritarias, y consiguieron que el Estado Nacional se haga cargo de todas las deudas contraídas por la CGT. Le sacaron a Alfonsín mucho más que a Isabel Perón. El 6 de septiembre de 1987 el radicalismo gobernante perdió las elecciones legislativas a manos del Partido Justicialista. Al día siguiente, el grupo de “Los 15” ya no existía más.
 
El contexto actual es muy diferente al de hace 30 años, pero algunas mañas (y ciertos rostros) no cambian. Entre febrero y abril de 1985 se realizaron elecciones en los sindicatos luego de la intervención que sufrieran durante la dictadura. Algunos nombres de los secretarios generales electos de entonces: Diego Ibañez (asesinado en la década del 90) en los petroleros, Juan José Zanola (hoy en prisión, dados los prolegómenos de la mafia de los medicamentos) en los bancarios, José Pedraza (detenido por el crimen de Mariano Ferreyra) en ferroviarios, Oscar Lezcano (fallecido) en Agua y Energía, y Armando Cavalieri en Marcantiles. Como muy bien los llamara el diario español “El País”, el sindicalismo en nuestra República es una monarquía paralela. Más datos: el grado de sindicalización en la Argentina es uno de los más altos del mundo, y es, a su vez, el mayor en Latinoamérica: supera el 40%. Lo sigue Uruguay con el 30, y muy lejos Brasil con casi el 17%.
 
En la actualidad, el Gobierno Nacional propone un blanqueo laboral, que la CGT en principio apoyaría. Y el mismo día que se llevó a cabo el primer paro general contra Macri, se publicó en el Boletín Oficial una resolución con “recomendaciones” tendientes a lograr la “democracia sindical” y el “pluralismo”. El primer gremio donde se quiere poner en práctica dichas sugerencias es el SOMU (Obreros Marítimos Unidos), intervenido desde la detención de su ex jefe, Omar “Caballo” Suarez. A su vez, la diputada radical Soledad Carrizo tiene listo un proyecto de ley que elimina la reelección indefinida de los sindicalistas.
    
La historia nunca se repite dos veces de la misma manera. Pero resulta conveniente conocerla para no repetir los mismos errores del pasado. Pero al fin y al cabo, siempre será mejor negociar con el sindicalismo ortodoxo a hacerlo con la izquierda dura.  
 
Sobre Pablo Portaluppi

Es Analista en Medios de Comunicación Social y Licenciado en Periodismo. Columnista político en El Ojo Digital, reside en la ciudad de Mar del Plata (Provincia de Buenos Aires, Argentina). Su correo electrónico: pabloportaluppi01@gmail.com.