ESTADOS UNIDOS: WALTER WILLIAMS

Sobre las consecuencias no previstas del transexualismo

La determinación del propio sexo -o del de terceros- solía ser una cuestión sencilla.

29 de Marzo de 2017
La determinación del propio sexo -o del de terceros- solía ser una cuestión sencilla.
 
Primero, estaba la cuestión de la apariencia, si acaso una persona se veía como un hombre, o si era percibido como una mujer. Si la apariencia daba lugar a incertidumbre, uno podía determinar el sexo de la persona con solo revisar su partida de nacimiento.
 
Si la apariencia y la partida de nacimiento daban lugar a incertidumbre, la prueba definitiva del sexo de una persona eran sus cromosomas: XX consignaba una mujer; XY consignaban un hombre. Caso cerrado.
 
Grupos LGBTPero aquellos métodos anticuados y sencillos de identificación sexual han cambiado. De hecho, el respaldarse en tales métodos para rastrear certezas califica hoy para ser víctima de oprobio, bajo la acusación de homofobia.
 
Hoy día -independientemente de la apariencia, genitalia, partida de nacimiento y cromosomas-, uno es hombre o mujer solo con respaldarse en la forma en que uno se percibe a sí mismo.
 
Esta nueva suerte de libertad aplica no solo al sexo, sino también a las razas.
 
Rachel Dolezal, estadounidense nacida caucásica, eligió ser una persona de raza negra. Al convertirse en una persona de raza negra, se convirtió en la presidente de la oficina de Spokane (Washington) de la NAACP, e instructora de estudios africanos en la Universidad del Este de Washington.
 
Hasta donde ella entiende, sigue siendo ahora una persona de raza negra, y ha elegido un novedoso nombre legal: Nkechi Amare Diallo, que significa 'Regalo de Dios' en idioma ibo.
 
Una notoria beneficiaria de la falsificación racial es la senadora estadounidense Elizabeth Warren (Demócrata, por Massachusetts), quien ha afirmado ser de ascendencia india -más precisamente, cherokee. Ello le sirvió para obtener un empleo como profesora de Leyes en una Universidad de Harvard hambrienta de diversidad (con un salario anual de US$ 430 mil).
 
Si Diallo y Warren no fueran de izquierda, profesores y estudiantes bien formados condenarían el comportamiento de aquellas por usurpación racial.
 
Pero, conviene detenernos en la idea de la autoliberación de la opresión del determinismo biológico. No hay mejor campo de pruebas para ello que las universidades de los Estados Unidos de América, siempre en la vanguardia del transexualismo, para ver cómo funciona esto.
 
¿Qué tan tolerantes serían los administradores de universidades a la hora de ponderar a estudiantes de sexo masculino, si éstos dijeran que se sienten mujeres, si decidieran ir al sanitario de mujeres y a los vestuarios femeninos? ¿Acaso estos hombres que ahora afirmaran ser mujeres serían elegibles para un equipo de básquetbol femenino, o para un equipo femenino de hockey?
 
Suponga Usted que un universitario obsequiara la razón al derecho de sus estudiantes a liberarse éstos del determinismo biológico, y permitieran que los individuos con cromosoma XY tomen parte de equipos que previamente estaban compuestos por individuos XX.
 
En lo personal, yo anticiparía un problema a la hora de inaugurarse competencias contra otras universidades. Un equipo de básquetbol femenino poco inspirado podría rehusarse a jugar versus un equipo rival de cromosomas mixtos, cuya línea central consista en personas de cromosoma XY y midan 2 metros de altura y pesen cien kilos.
 
LA NCAA (liga estadounidense de básquetbol universitario) debería contener un reglamento que tipifique que el rehusarse a jugar contra un equipo de cromosomas mixtos conducirá a la derrota del equipo renuente a participar. Lo cual no sería diferente en el caso de que un equipo de jugadores blancos se rehúse a jugar contra otro, porque los jugadores del equipo rival son de raza negra.
 
Pero no se trata de afirmar que solo el lado deportivo de las universidades rendiría beneficios para aquellos que decidiesen huir del determinismo biológico. ¿Y qué hay frente a la posibilidad de permitirles a los individuos de cromosomas XY, que afirmen ser mujeres, competir en la Asociación Internacional de Boxeo para Mujeres?
 
Luego, está el caso de las Olimpíadas. La marca más veloz de un hombre en la carrera de cien metros llanos es de 9.58 segundos. El de la mujer más veloz, 10.49 segundos.
 
¿Qué tal si se decidiera otorgar a las personas XY chances mayores de ganar la medalla dorada, permitiéndoles competir en un evento de mujeres? Tales personas podrían calificar solo jurando que se sienten mujeres, o que sufren de disforia de género.
 
Usted podría decir, en referencia a mi persona: '¡Ahí está otra vez Williams, emprendiéndola contra los universitarios!'.
 
Celebro el hecho de que algunos colegios están tomando posturas de liderazgo, al combatir el determinismo biológico. La presidente del Barnard College, Debora Spar, escribió:
 
'No hay dudas de que Barnard debe reafirmar su misión como una universidad para mujeres. Y hay escasa necesidad de debate frente a si las mujeres trans debieran ser elegibles para ingresar a Barnard'.
 
A partir de ese anuncio, la Universidad Barnard se unió a una larga lista de universidades femeninas -junto al Smith College, Mount Holyoke College y Simmons College- que actualizaron sus políticas de admisión para comenzar a aceptar a mujeres transgénero.
 
La pregunta que permanece en el aire tiene que ver con qué tanto igualitarismo permitirán estas universidades iluminadas, entre personas XX y personas XY.
 
¿Integrarán a todos en sus instalaciones? ¿O se dedicarán a desarrollar la moralmente repugnante política de 'separados, pero iguales'?


Artículo original en inglés, en 
Sobre Walter E. Williams

Walter E. Williams es Doctor en Economía en los Estados Unidos de América, y autor de una extendida serie de libros con el foco puesto en la defensa del libremercado y el librecomercio. Publica periódicamente -en inglés- en el sitio web The Daily Signal. Más sobre el autor en éste link.