ESTADOS UNIDOS: PHILIP GIRALDI

Los halcones anti-Irán toman la Casa Blanca

Estados Unidos está implementando nuevas sanciones contra Irán...
09 de Febrero de 2017

Estados Unidos está implementando nuevas sanciones contra Irán, en razón del conjunto de supuestos incumplimientos de ese país, y casi todas las afirmaciones para respaldar tal acción son, o bien mentiras abyectas, o bien medias verdades. Y todo suena bastante familiar, conforme la demonización de Teherán ha sido más o menos la norma desde 1979, fenómeno que ha incluído afirmaciones prefabricadas al respecto de que los iraníes asesinaron soldados estadounidenses luego de las intervenciones americanas en Afganistán e Irak. En esta oportunidad, la Administración se ha enfocado en la prueba -perfectamente legal- de un misil balístico de mediano alcance, sin capacidad de portar ojiva nuclear, y en el informado ataque sobre lo que inicialmente se dijo era un navío estadounidense por parte de combatientes hutíes -respaldados por Irán. Tiempo más tarde, se reveló que el navío era, en realidad, una fragata de Arabia Saudita.

El asesor de seguridad nacional de Donald Trump, Michael T. Flynn, 'oficialmente' 'notificó' a Irán, al declarar que 'La Administración Trump ya no tolerará las provocaciones de Irán que amenacen nuestros intereses. Los días de hacer caso omiso de las acciones hostiles y beligerantes de Irán hacia Estados Unidos y la comunidad internacional, han llegado a término'.

Michael FlynnAl ignorarse el hecho de que Irán no puede, en rigor, amenazar a los Estados Unidos ni a ningún interés vital o genuino de su seguridad nacional, la advertencia y las acciones posteriores de la Casa Blanca también contradicen la promesa de campaña de Donald Trump de evitar otra guerra en Oriente Medio, detalle que parece escapársele a Flynn. El incremento en las tensiones y la falta de diálogo diplomático alguno significan que cualquier guerra que se inicie a partir de este momento podría encontrarse a una acción del tipo 'false flag', falso informe de inteligencia o accidente naval de distancia.

Si acaso todo esto suena como un recuerdo de las falsas afirmaciones y las negociaciones intencionalmente improductivas que condujeron a la catastrófica Guerra de Irak, es porque así debería sonar. A lo que Flynn se refiere con 'acciones beligerantes contra los Estados Unidos', hablando en términos generales, no queda del todo claro; con todo, la falta de precisiones podría ser intencional, para permitir la represalia instantánea de cualquier cosa que Teherán intente hacer a los efectos de contrarrestar la hostilidad que hoy proviene de Washington.

El odio contra Irán registra un extenso pedigree. Debo confesar que pertenezco a una generación en el gobierno federal, como Flynn y otros, en donde la declaración despectiva sobre Irán es parte del ADN general, bienvenido por todo mundo. Albergo un rencor personal y bien especificado contra los mulás, conforme un agente del gobierno iraní intentó asesinarme en Turquía, en los años ochenta. Pero, cada vez con mayor periodicidad, la animosidad era genérica, algunas veces expresada con humor en las reuniones de la base de la CIA. Recuerdo que un compañero de oficialidad -que se desempeñaba bajo cobertura en la oficina consular- se regocijaba con malignidad mientras describía cuántas aplicaciones de visado de ciudadanos iraníes había rechazado él durante la semana anterior, y todos luego aplaudían en la sala de conferencias -exhibiendo su aprobación. Desde luego, todos nos sentíamos plenamente justificados en nuestra iranofobia, debido a la crisis de los rehenes en la embajada de 1979, que aún se mantenía fresca en nuestra memoria.

Pero mi rencor hacia Irán se ha desvanecido desde entonces. Tengo amigos iraníes, y hemos llegado a entender que Irán ha sido culpado mucho más de la cuenta, en su relación con los Estados Unidos. Tras la firma del Plan Extensivo de Acción Conjunta (Joint Comprehensive Plan of Action, JCPOA) en julio de 2015, incluso llegué a creer que las dos naciones podrían perfectamente continuar con una suerte de relaciones diplomáticas normales, que beneficiarían a todos los involucrados. Con todo, tal esperanza parece haber quedado atrás, luego de la reciente oleada de histeria anti-iraní, que apuesta a eclipsar el pánico anti-ruso que ha consumido a los medios de comunicación durante los pasados seis meses.

En lo personal, debí verlo venir. En diciembre de 2015, me encontraba yo presente en una conferencia en Moscú, en donde el General Flynn explicó su concepto relativo a la estrategia geoeconómica/geopolítica para el siglo XXI. Al menos, creo que él estaba hablando de eso, aún cuando uno pueda comprender la frustración de la entrevistadora, Sophie Shevdernadze, mientras ella intentaba hacer que Flynn explicase qué quiso decir a lo largo de aquella tan extendida e incoherente presentación.

En ese momento, poco sabía yo sobre Flynn y sus puntos de vista, pero recordé particularmente una mención azarosa que hizo de los iraníes, dejando bien claro que ellos habían sido responsables por 'alimentar cuatro guerras proxy en Oriente Medio'. Presumiblemente, Flynn se refería a Irak, Siria, Afganistán y Yemén. La audiencia, que incluyó a un número de periodistas internacionales y expertos genuinos en política exterior, se inquietaron y comenzaron a murmurar. Yo me hallaba presente en el fondo del salón, y vi al hijo de Flynn, Michael G. Flynn, responder a las expresiones de incredulidad, agitando sus brazos y gritando: '¡Es cierto! ¡Es cierto! ¡Revisen la información de inteligencia!' (Right! Right! Check the intel!).

Dos minutos más tarde, el veterano Flynn regresó a la cuestión, mencionando el 'horrendo acuerdo nuclear con Irán'. Ahora, bien; estoy acostumbrado a oír cosas desagradables sobre Irán, pero éstas en general provienen de partisanos israelíes que insisten en describir falsamente a los iraníes como una amenaza global. Desde luego que está en su interés hacerlo, y muchos políticos estadounideneses maleables y cerebros de los medios se han hecho eco de esa retórica, de tal forma que un ataque estadounidense contra Irán rápidamente sería respaldado por el congreso y celebrado en esos medios de comunicación.

Pero supe creer que Flynn no revistaba en ese grupo particular, que consiste -en general- de neoconservadores, y su desprecio por Irán pareció ser sincero -dado que parecía respaldarse en su propia experiencia como jefe de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA). Pero me equivoqué, y debí prestar mayor atención a las personas a las que Flynn se dirigía.


Las fuentes de Flynn para justificar su punto de vista internacional

Antiguo enemigo de Irán, Michael Ledeen creyó que invadir el país debió haber sido la prioridad en 2003, antes que Irak. Ledeen cree que 'todas las pistas conducen a Teherán', y que Irán manipula a ambas partes beligerantes en el conflicto sunita-shiíta, llevando al analista Peter Beinart a apuntar que su 'esfuerzo para, virtualmente, endilgarle todo ataque musulmán contra Estados Unidos a los iraníes, lo lleva a ser parte de un territorio más bien bizarro'.


Mientras Flynn hablaba en Moscú, colaboraba con Ledeen en un libro intitulado The Field of Fight: How We Can Win the Global War Against Radical Islam and Its Allies (El Campo de Batalla: Cómo Podemos Ganar la Guerra Global contra el Islam Radical y Sus Aliados), que fuera publicado en julio de 2016. El libro plantea dos premisas básicas. Primero: el 'mundo civilizado' en su conjunto se ha involucrado en una lucha de vida o muerte contra una perversión del Islam, que ha dado lugar a un fenómeno que suele catalogarse como 'terrorismo islamista radical', frase que perfectamente parece haber sido asimilada por la Administración Trump gracias, en gran parte, a Flynn. Flynn insiste en el particular e incluyendo al componente islámico, dada su creencia de que la religión musulmana es, en sí misma, intrínseca a la mismísima naturaleza del conflicto. De hecho, él prefiere calificar al Islam como una ideología política antes que una religión, e incluso lo describe como una ideología política que ha 'hecho metástasis' hasta mutar en un 'cáncer maligno'. Alguna vez, publicó en su cuenta de Twitter: 'El temor a los musulmanes es RACIONAL', vinculándose con la falsa afirmación de que el Islam busca que el 80% de la humanidad termine sus días siendo esclavizada o aniquilada.

En segundo orden, el libro de Ledeen percibe a Irán como la fuente de desorden masivo que prevalece en Oriente Medio, con sus tentáculos alcanzando a la región y mucho más allá. En sí mismo, se trata de un régimen islamista radical que emplea el terrorismo como arma, un patrocinador de terrorismo de acuerdo con el Departamento de Estado y, también, aliado de movimientos como ISIS y las numerosas franquicias de al-Qaeda a las que solo simula estar combatiendo. Asimismo, Flynn y Ledeen afirman que Irán está intentando desarrollar un arma nuclear, y que cuenta con un programa secreto para hacerlo, a pesar del acuerdo de 2015. Utilizaría tal arma para amenazar a Israel y a los intereses estadounidenses en Oriente Medio y más allá; en simultáneo -y siempre de acuerdo a esa visión-, Irán está desarrollando misiles balísticos que podrían remitir esas armas nucleares hacia los referidos objetivos.

Amén de Ledeen, la perspectiva conspirativa de Flynn puede rastrearse más atrás en el tiempo -y sus días en la DIA-, en donde era bien conocido por su personal; a su vez, éste se refería a los 'Hechos Flynn' ('Flynn facts'), esto es, cosas que el propio uniformado diría y que eran demostrablemente erróneas. En cierta oportunidad, insistió en que tres cuartos de todos los nuevos teléfonos móviles (smartphones) eran adquiridos por ciudadanos africanos, y defendía que Irán había asesinado a más estadounidenses que al-Qaeda. Pocos se atrevían a mostrar su desacuerdo. Cuando llegó al comando de DIA, Flynn dijo a su personal de carrera que todos debían tener bien claro que él siempre tenía la razón. Sus subordinados sólo tendrían la razón, cuando coincidían con las de él.

Como Director de DIA, Flynn consideraba que el ataque de Bengasi de septiembre de 2012 era un hecho incidental en la guerra global contra el Islam. Su reacción inicial consistió en 'probar' el involucramiento iraní, en tanto presionaba a sus analistas para que le proporcionaran la evidencia para respaldarlo, y llegaba a gritarles cuando aquéllos no podían respaldar sus conclusiones. Dijo a los analistas que Bengasi era un evento del tipo 'cisne negro', que necesitaba todavía de mayor análisis creativo para desenvolverse.

Más tarde, en oportunidad de ofrecer testimonio en la Cámara de Representantes en junio de 2015, Flynn declaró:
 

Irán representa un peligro claro para la región y, eventualmente, para el mundo. El declarado deseo de Irán de destruir a Israel es muy real. Irán no ha contribuído siquiera una sola vez al bien superior de la seguridad de la región. Como tampoco ha contribuído a la protección de la seguridad para los pueblos de la región. En lugar de ello, y durante décadas, Irán ha contribuído a una seria inseguridad e inestabilidad regional, especialmente en la subregión del Levante que rodea a Israel (...) Está claro que el acuerdo nuclear no es una solución permanente, sino un paso intermedio.


Eventualmente, Flynn fue despedido de DIA, dados sus puntos de vista extremos, en parte debido a su demonización de Irán y del Islam. Sería sencillo sugerir que Flynn solo cuenta con una ligera idea de lo que en realidad está sucediendo en Oriente Medio. Considérese su afirmación de que el Irán shiíta se encuentra complotado con grupos tales como al-Qaeda -grupo al que los shiítas tienen por hereje y, solo a partir de esto, están dispuestos a asesinar a los seguidores de ISIS solo bajo esta prerrogativa. Pero el escenario es, en rigor, bastante más peligroso de lo que los grupos de costumbre en Washington suelen estimar: Flynn y Ledeen han construído una narrativa en la que el mundo se exhibe en guerra contra un mal gigantesco, e Irán resulta ser el protagonista central en el bando enemigo. Se trata de un punto de vista que, infortunadamente, es compartido en parte por los nuevos secretarios de Defensa y de Estado, y respaldado por muchos en el congreso de Estados Unidos. Consecuentemente, ha mutado en el tema sensitivo de moda en lo que hace a la seguridad nacional del país y, en apariencia, está comandando las réplicas de la Administración Trump ante el comportamiento iraní.


El peligro de escalada

Ciertamente, Irán exhibe un comportamiento regional asertivo. Pero mucho de su maniobrar es defensivo por naturaleza; está rodeado de un mar de enemigos, la mayoría de los cuales están mejor armados y mejor financiados. El acuerdo nuclear con Irán ha demorado considerablemente cualquier posible desarrollo de un arma nuclear, y hace al interés de todos. No es plausible una táctica dilatoria para adquirir un arma en algún momento del camino, conforme Flynn y Ledeen quieren hacernos creer.

Irán será un hueso duro de roer, si Flynn se sale con la suya y la Casa Blanca de Trump emplea fuerza militar. A grosso modo, Irán tiene el mismo tamaño que Alaska, y tres veces la población de Irak -y el pueblo iraní exhibe una fuerte identidad nacional. Pelearían duro y, utilizarían sus sofisticados sistemas de defensa aérea de fabricación rusa, y misiles chinos que podrían inflingir daños de magnitud a las unidades navales y aéreas estadounidenses en la región del Golfo Pérsico. Asimismo, Irán estaría en posibilidad de liberar recursos terroristas limitados pero, sin embargo, letales. No sería un 'paseo por el parque' y, aún cuando pueda alcanzarse una victoria militar de algún tipo, el mundo asistiría -nuevamente- a otro vacío de poder en el corazón de Asia.

Creo que Flynn es un hombre peligroso, incluso mentalmente inestable en relación a ciertas temáticas. El cree que Estados Unidos cuenta con el derecho preventivo de decirle a las naciones de Oriente Medio qué es aceptable y qué no lo es, y se muestra dispuesto a ejercitar numerosas maniobras de índole represiva para promover al buen comportamiento. A Irán, designado como un 'Estado problemático', por consiguiente, no se le permite actuar en respaldo de sus propios intereses de seguridad nacional. Flynn justifica la hostilidad, afirmando que Irán es el líder mundial en lo que tiene que ver con patrocinio del terrorismo y de la inestabilidad -lo cual es una evidente mentira. Dada la carencia de diplomacia para resolver las diferencias, la única interacción con Teherán de parte de Washington se remite a la amenaza de sanciones económicas respaldadas por el empleo de fuerza militar. Conforme Irán responda de igual modo, se ingresará en un ciclo escalatorio del cual será difícil hallar salida.

Una política superadora consistiría en permitir a Irán que se diversifique naturalmente, sin un flujo constante de provocaciones que solo sirven para envalentonar a los portadores de retórica de línea dura. La juventud iraní -el grueso de la población- son muy pro-occidentales e incluso pro-Estados Unidos en lo que tiene que ver con afinidad cultural y sentir. La población iraní se muestra íntimamente vinculada a una extensa diáspora, con un estimado de 1.5 millones de iraníes residiendo solo en los Estados Unidos. Las amenazas relativas al uso de fuerza militar fortalecerán el poder del gobierno iraní, dando lugar a réplicas duras y a una acumulación de amenazas que, a la postre, conducirán a ninguna parte. Con suerte, algunos señores adultos en el gabinete que se desempeña en la Casa Blanca puedan, en algún punto, decirle a Michael Flynn que es hora de sentarse y de prestar atención a los hechos.


Artículo original en inglés, en http://www.theamericanconservative.com/articles/iran-hawks-take-the-white-house/ | Traducido por Matías E. Ruiz, y republicado con permiso del autor y de The American Conservative magazine (Estados Unidos)

 

Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios de EE.UU., y Director Ejecutivo del Council for the National Interest. Publica periódicamente en inglés en The American Conservative; en español, en El Ojo Digital.

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