INTERNACIONALES: PHILIP GIRALDI

Turquía: ¿un muy predecible golpe?

El golpe militar del pasado fin de semana en Turquía dio inicio el viernes, y consistió de intentos...

19 de Julio de 2016

El golpe militar del pasado fin de semana en Turquía dio inicio el viernes, y consistió de intentos para tomar edificios clave del gobierno, e infraestructura crítica. El golpe involucró mayormente a la gendarmería y a la fuerza aérea, y fue liderado por generales y coroneles de mandos medios. La maniobra se anotó algunos éxitos iniciales pero, temprano durante la mañana del sábado, quedaba expuesto que el gobierno había logrado prevalecer. Hacia el domingo, se registraron arrestos de -según se informó- seis mil personas que supuestamente tomaron parte de la acción. Y muchos otros seguramente seguirán ese camino.

ErdoganEl presidente Recep Tayyip Erdogan había prometido caer encima de los militares y de la justicia, y responsabilizó del golpe a su archienemigo Fethullah Gulen, quien reside en Pennsylvania (EE.UU.) en el exilio. Los analistas entienden que, tras haber derrotado al golpe, la autoridad de Erdogan se incrementó notablemente, y que contará con la capacidad de consolidar su poder, alterando la constitución del país -la cual, dado el sentido de crisis en Turquía debido a la intentona y al reciente ataque terrorista en Estambul, probablemente tenga éxito. Y el debido proceso que habrá de caberle a los supuestos golpistas bajo las actuales circunstancias, con toda probabilidad será limitado. Estas personas, según se ha informado, serán acusadas de traición. Erdogan podrá limpiar la casa, y consolidarse en el poder.

Inevitablemente, se registra una contranarrativa, la cual quien esto escribe y un número de analistas de cuestiones sobre Turquía nos hemos reunido para comentar. A fuer de ser sincero, he de admitir que todos nosotros en conjunto somos críticos reconocidos de la dirección autocrática e islamista que Erdogan ha buscado imprimirle a su gobierno, a lo largo de los últimos tres años.

En primer lugar, y aún cuando no es un tema importante, ninguno de nosotros cree que Gulen pudiera estar detrás del golpe. Es conveniente para Erdogan culpar a su principal oponente, porque ello facilitará los arrestos de prácticamente cualquier opositor no vinculado a la maniobra golpista, sindicándoselos de gulenistas. Erdogan se ha acostumbrado a encarcelar rivales -con periodicidad, personal de la prensa-, bajo cargos falseados que incluyen traición; y esta vez no será distinto. El proceso ya ha dado inicio con la detención de una cifra de oficiales militares y magistrados y, sin lugar a dudas, se ampliará hasta el punto de identificar a más enemigos.

En segunda instancia, casi todos nosotros estimamos que el golpe fue, básicamente, una puesta en escena. Erdogan y su gobierno ha estado advirtiendo durante meses sobre la posibilidad de un golpe, de tal suerte que el evento en sí mismo no debería sorprender a nadie. Ahora queda claro que, en efecto, existió un golpe en proceso de planificación, aparentemente respaldado por kemalistas entre los militares, que pugnan por un Estado secular y que se muestran alarmados frente a los aspectos de la política exterior de Erdogan, incluyendo su colaboración con grupos terroristas y la hostilidad contra Rusia y Siria. Probablemente, también deba contabilizarse un elemento de preocupación sobre la deteriorada economía turca, siendo que el terrorismo europeo está haciendo trizas al sector turístico turco -un tema vinculado al involucramiento de Ankara en Siria y a la vendetta personal de Erdogan contra el partido político líder de los kurdos (Partido Democrático del Pueblo, HDP). Numerosos observadores -e incluso funcionarios del gobierno-, al referirse en modalidad off the record, han criticado la ruptura de la tregua (ruptura motorizada por Erdogan). La tregua de referencia venía prevaleciendo recientemente entre el Estado y la minoría turca -junto con su brazo armado, el PKK.

Los personeros del golpe probablemente erraron en su presunción de que había un amplio apoyo en escalafones superiores del ejército turco, para lanzarse a la empresa. Los generales -que alguna vez hubiesen sido opositores naturales de las ambiciones de Erdogan- habían sido severamente castigados en su primer encuentro con el primer ministro entre 2010 y 2011. Una serie de juicios procesales de exhibición, en donde se afirmaba que los oficiales de carrera estaban involucrados en conspiraciones contra el gobierno (todo ello basado en evidencias en extremo escasas) purgó a muchos rangos de altura, reemplazándolos gradualmente con leales a Erdogan. Muchos de los oficiales puestos en prisión tras ese proceso fueron liberados eventualmente de la prisión pero, tras mantenerse fuera del poder por años, no retuvieron capacidades para tomar medidas contra el gobierno.

Aquellos que planearon el golpe pudieron haberse acercado a uno o más de los nuevos generales designados por Erdogan, sin cuyo apoyo el golpe jamás hubiese tenido éxito, esperando una respuesta faborable. Con toda probabilidad, los golpistas fueron recibidos cordialmente, pero el oficial senior inmediatamente informó aquella obertura al presidente -preparando la puesta en escena para una trampa.

El resto continuó, conforme se había planeado. Los conspiradores escucharon de parte de simpatizantes en la justicia o la policía que rápidamente serían arrestados, de tal suerte que dieron comienzo al golpe antes de completar sus planes -y casi tomaron al gobierno por sorpresa. Eran inferiores en número, así es que debieron tener la esperanza de que otros se les sumarían. El éxito no llegó, y unidades leales del ejército y la policía raudamente se organizaron para resistirlos. Erdogan incluso llegó a convocar a sus simpatizantes en la ciudadanía para que tomasen las calles y se reunieran en el aeropuerto en Estambul. Los resultados eran predecibles, y la rebelión fue aplastada. Erdogan ahora explotará los beneficios políticos. E incluso está exigiendo la extradición de Gulen desde los Estados Unidos -y se ha informado que la Administración Obama está evaluando el pedido.

Otro aspecto del golpe dio lugar a confusión. Al comienzo, se informó sin evidencia alguna que los conspiradores se vieron perturbados por las recientes oberturas de Erdogan, tendientes a restaurar la normalidad en las relaciones diplomáticas con Rusia y Siria. Este es un error absoluto de interpretación, conforme los militares turcos desde hace tiempo se mostraron reacios a respaldar cualquier tipo de operación en Siria y, en general, se oponen a toda iniciativa más allá de las fronteras turcas. En ocasión de un resumen de la televisión turca, los líderes del golpe se refirieron a su movimiento como un 'consejo de paz'. Los generales tienen sus manos muy ocupadas ya con los problemas internos que hacen a los kurdos y a los refugiados, y definitivamente no desean alentar empresas novedosas.

Uno incluso podría anotar vis-à-vis no solo los temas de Rusia y Siria, sino también la reciente política de volver a acercarse a Israel. La economía turca está en mala forma, y su posición internacional se ha visto gravemente dañada por la política exterior y la política doméstica de Erdogan. Las encuestas de opinión sugieren que el público en Turquía culpa directamente a Erdogan por la disminución del empleo y el ingreso, así como también por el problema terrorista. El cambio en las políticas, que se orienta a tender puentes con un número de países, ha sido una respuesta a aquellas preocupaciones, y nada tienen que ver con el descontento en el seno de las fuerzas armadas turcas.

Así es que el abortado golpe militar se ha convertido en una gran victoria para el presidente Erdogan. Aún resta ver con qué precisión explotará los beneficios, pero es seguro que se montará a ese éxito para ampliar sus propios poderes. A aquellos que objetan la noción de que el presidente turco sería capaz de asesinar a sus propios soldados con tal de avanzar en su agenda política, uno podría apuntarles que Erdogan evaluó hacerlo en 2014, para así crear un pretexto para ir a la guerra con Siria. A la postre, la pregunta al respecto de si Erdogan en realidad pudo ayudar a poner en marcha el golpe, en una versión de operación false flag, es ciertamente intrigante -y debe ser considerada. Debería ser bien tenida en cuenta por la Casa Blanca, antes de contemplar cualquier demanda de Ankara tendiente a extraditar a Gulen o a cualesquiera de sus asociados.


Artículo original en inglés, en http://www.theamericanconservative.com/articles/a-very-predictable-coup/ | Traducido y republicado en El Ojo Digital con permiso del autor y de The American Conservative magazine (Estados Unidos)

 

Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios de EE.UU., y Director Ejecutivo del Council for the National Interest. Otrora articulista en la revista The American Conservative, Giraldi publica ahora en el sitio web Unz.com. En español, en El Ojo Digital.