INTERNACIONALES: PHILIP GIRALDI

No arriesgar una guerra con Rusia

Washington se apresura en su conflicto de carácter abierto con Moscú -contrario a todo interés racional.

10 de Diciembre de 2014

Tiempo atrás, en los buenos viejos tiempos de la Guerra Fría, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) hacía lo que estuviese en sus manos para desacreditar a la Unión Soviética. Nos acostumbramos a colocar artículos en periódicos amistosos para exponer las violaciones de los soviéticos contra los derechos humanos, arreglamos que compañías-fachada de los rusos adquirieran tecnología previamente preparada para fallar al ser insertadas en las líneas de ensamblaje, y enviamos dinero para publicaciones del tipo samizdat a grupos del tipo de Solidaridad (Polonia), que se oponían a los comunistas. Pero también había en marcha una guerra real, aún cuando fuese tibia, y porque ambos lados jugaban a una suerte de todo vale -y más siempre era mejor.

Hoy día, más de veinte años después del colapso de la Unión Soviética, existen indicativos de que Washington está deslizándose hacia una nueva y completamente innecesaria confrontación con Moscú, solo que esta vez, esa maniobra no se encuentra fuera de vista de la CIA. Gran parte del nuevo conflicto está siendo conducido abiertamente, con sanciones y resoluciones interpuestas por el congreso estadounidense, con apariciones periódicas en regiones inestables del extranjero de parte de funcionarios oficiales y políticos, y con entrenamiento en nuevos medios con finalidad política financiados por cuasi-organizaciones no gubernamentales tales como National Endowment for Democracy (NED, o Fundación Nacional para la Democracia).

Esto no es a criterio de sugerir que no hay una faceta encubierta para todo. El financiamiento y el entrenamiento de grupos de oposición suele tener lugar fuera del país que se toma por objetivo, lo cual significa que los jugadores y sus fuentes de ingreso son cuidadosamente ocultados a la vista del público. El entrenamiento y la organización reales son frecuentemente ejecutados por contratistas privados antes que por cualquier agencia relacionada con el gobierno estadounidense, incrementando la negativa plausible de cara a cualquier conexión oficial.

Y mucha de la actividad intergubernamental y los enlaces con importantes componentes corporativos en el sector privado suelen ser configurados a partir de un guiño de ojos o de gesticulaciones, sin que se dejen rastros en papel y evitando responsabilidades. Esta es precisamente la manera en que US$ 5 mil millones del dinero provisto por los contribuyentes estadounidenses fue gastado en lo construir lo que se calificara como democracia pluralista en Ucrania, pero que podría ser descripto más apropiadamente como un 'cambio de régimen'. Semejante interferencia explícita en la política interna de otros países también explica por qué los gobiernos de El Cairo, Moscú y en otros sitios han forzado a un número de consultores extranjeros que trabajaban a sueldo de NED a regresar a casa.

Lo correcto y lo incorrecto de la política de Rusia hacia Ucrania fueron temas de discusión ad nauseam en el medio estadounidense The American Conservative, así como también lo fue en otros foros dedicados a políticas sobre seguridad y relaciones internacionales. Baste decir que Moscú exhibe, definitivamente, preocupaciones de seguridad relativas a la recurrente expansión de OTAN, particularmente de cara a los torpes intentos para acercar a Kiev al orbe occidental. Que también mantiene lazos históricos y de defensa nacional relacionados con Crimea. Aún si uno creyera que Vladimir Putin es el diablo hecho carne y que éste busca rehacerse de la Europa Oriental, uno debe conceder que el argumento sobre lo que está sucediendo no debería ser reducido a eslóganes dignos de ser pegados al parachoques de los vehículos. Infortunadamente, esto es precisamente lo que el congreso de los Estados Unidos y, hasta cierto punto, la Casa Blanca, están buscando.

El ex congresista Ron Paul (Texas) ha notado algunas de las maniobras explícitas que se llevan adelante para incrementar la tensión con Moscú. El se ha mostrado particularmente mordaz al considerar la Resolución 758 de la Cámara de Representantes, intitulada 'Condenar firmemente las acciones de la Federación Rusa, bajo el presidente Vladimir Putin, que ha llevado adelante una política de agresión contra naciones vecinas, con el objetivo de dominación política y económica', aprobado el 4 de diciembre, justo antes del receso de Navidad del parlamento. Solo diez votos se opusieron a la moción.

Ron Paul describe el proyecto como 'dieciséis páginas de propaganda de guerra que debería haber hecho enrojecer incluso a los neoconservadores, si acaso fueran capaces de semejante cosa', y observa que la resolución podría provocar 'una guerra con Rusia, que podría derivar en destrucción total'. La Resolución H.R. 758 condena a Rusia por invadir Ucrania sin producir un hálito de evidencia de que eso es lo que ha tenido lugar, culpa a Moscú por derribar el MH-17, condena la venta de armas al gobierno sirio, acusa a Rusia de invadir Georgia en 2008, y declama que Moscú 'adquirió información de manera ilícita' sobre el gobierno de EE.UU. a través del hackeo de ordenadores mientras que 'distorsiona la opinión pública' a través de sus medios de comunicación. La resolución urge al presidente ucraniano Petro Poroshenko a desarmar a los rebeldes separatistas en las provincias del este del país y convoca al presidente Barack Obama a proporcionar a los ucranianos armamento y entrenamiento para tal fin, lo cual implica que soldados estadounidenses podrían encontrarse en la línea del frente de lo que generalmente es estimado como una guerra civil.

En respuesta a aquellos que podrían preguntarse por qué Estados Unidos está viéndose involucrado inicialmente, la resolución afirma que ello se debe a que el involucramiento de Rusia en Ucrania 'representa una amenaza a la seguridad y a la paz internacional'. Conforme lo nota Ron Paul, rara vez se han visto tantas mentiras, medias-verdades y distorsiones, empaquetadas en apenas una Resolución de la Cámara. En efecto, muchas de las acusaciones realizadas de cara a lo que se caracteriza como mal comportamiento de parte de Moscú podrían atribuírse a Washington.

Por más negativa que sea la guerra abiertamente promovida contra Moscú, también subsiste un conflicto secreto al que algunos han citado como 'guerra subrepticia'. Y ha sido descripta como 'un ataque en los mercados internacionales contra las corporaciones rusas, y contra los sistemas de seguridad internacional de monedas sobre los cuales reposan los propios mercados'.

Para tal fin, han habido algunos informes que sugieren que el Departamento del Tesoro americano ha estado presionando discretamente a prestamistas europeos de importancia con el objeto de urgirlos para que no adquieran acciones ni deuda rusas porque tales transaciones, si bien son legales, podrían volverse ilegales merced a una nueva rueda de fuertes sanciones, convirtiendo a Moscú en un factor de pésimo riesgo, financieramente hablando. Ya fuere que un endurecimiento de las sanciones sea probable o no, resulta mayormente irrelevante, conforme las instituciones financieras son aversas al riesgo y cualquier advertencia de potenciales problemas produce un retiro instantáneo. El retiro del grupo Lloyds Banking de una operación de refinanciamiento que involucre al conglomerado petrolero ruso Rosneft en mayo pasado fue atribuído a presiones estadounidenses.

La economía rusa, en efecto, se está contrayendo, en parte debido a las sanciones, pero mayormente debido a la caída en el precio del petróleo. Rusia considera a las sanciones existentes como ilegales pero, hasta el momento, ha fallado a la hora de tomar medidas contra ellas. Es, sin embargo, probable que, si más sanciones son interpuestas, exista litigios sobre incumplimiento de contratos, que podrían perjudicar a todas las partes involucradas, y que solo beneficiarían a un puñado de firmas legales del globo.

Yendo más al punto, las sanciones no modificarán las políticas de Rusia porque, en la óptica de Moscú, Ucrania comporta un interés vital, y utilizarlas bajo un formato de amenaza cual espada de Damocles, tal como lo ha hecho el Secretario de Estado John Kerry, solo volverá probable un envenenamiento del ambiente, tornando imposible cualquier acercamiento. Estados Unidos tiene mucho que perder si Rusia elige escalar su respuesta ante los ataques explícitos y encubiertos contra su economía. Moscú se ha mostrado cooperativo tanto con Washington como con los europeos en lo que hace a la detección del financiamiento de grupos terroristas, proliferadores de armas nucleares, y cárteles de la droga. Se volverá improbable continuar esa cooperación si Rusia percibe una predisposición de parte de Occidente a actuar contra sus propias instituciones financieras y contra su economía. Incluso podría revertir el escenario a instancias previas a 2003, con los rusos haciendo la vista gorda ante fondos del crimen organizado que depositaron en sus bancos, lo cual convirtió al país en un paraíso para el lavado de dinero.

Moscú incluso ha cooperado políticamente en relación a cómo lidiar con Siria, Irán y Corea del Norte. Rusia podría, unilateralmente, quebrar las sanciones sobre las compras de crudo desde Teherán y comenzar a vender armamento a Damasco, incluyendo sistemas actualizados de defensa aérea que podrían derribar aeronaves estadounidenses. Podría aliviar las restricciones en el comercio con Norcorea. En Naciones Unidas, podría utilizar selectivamente su veto para obstaculizar iniciativas respaldadas por Estados Unidos.

El empleo de iniciativas tanto abiertas como subrepticias para arrinconar a Rusia enviándola a un sitio del cual no pueda escapar, no es una buena política. Conforme lo observara el legislador Ron Paul, proceder de ese modo es invitar a la guerra. Y existen analogías históricas que demuestran lo que podría suceder. Los embargos y las restricciones sobre las ventas de petróleo al Japón en 1940 y 1941 contribuyeron a la expansión de Tokio en Asia en busca de recursos alternativos y, eventualmente, a Pearl Harbor. No es sabio provocar a un enemigo poderoso, a no ser que un interés nacional de carácter vital esté en juego -lo cual no es el caso con Ucrania y Crimea.

La ira dirigida hacia Rusia de parte del congreso y la Casa Blanca, respaldada por los medios de comunicación, es irracional, y Washington debería reconsiderar el error que hace a sus formas y dar un paso atrás, antes de que dé lugar a una situación que se presentaría desastrosa para todas las partes involucradas.


Traducción al español: Matías E. Ruiz | Artículo original en inglés, en http://www.theamericanconservative.com/articles/dont-risk-war-with-russia/ | Traducido y reproducido con permiso de The American Conservative (Estados Unidos)

 

Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios de EE.UU., y Director Ejecutivo del Council for the National Interest. Otrora articulista en la revista The American Conservative, Giraldi publica ahora en el sitio web Unz.com. En español, en El Ojo Digital.