INTERNACIONALES : LIC. SANTIAGO PEREZ

Rusia y Crimea: baño de realpolitik

La caída de Víktor Fédorovich Yanukovich al frente del gobierno ucraniano generó movimientos en la estructura de poder...

23 de May de 2014
La caída de Víktor Fédorovich Yanukovich al frente del gobierno ucraniano generó movimientos en la estructura de poder de la alta política internacional. Con su alejamiento, Moscú perdió un confiable aliado, encargado de proteger sus intereses en la región, en tanto que mantenía al país del este europeo bajo la esfera de influencia del Kremlin. El asenso de Oleksandr Turchínov a la presidencia en Kiev y su intención de acercamiento a occidente dispararon, en forma virtualmente automática, los mecanismos de defensa rusos.
 
No queda duda frente a que el proceso interno ucraniano se vio, de alguna forma, influenciado desde el exterior. Se trata de un país estratégico tanto para la Unión Europea como para la OTAN y la Federación Rusa, tres poderosos actores que, como es de esperar, mueven sus piezas dentro el tablero geopolítico mundial. Pero, al mismo tiempo, sería impreciso adjudicar en forma excluyente a estos jugadores la crisis interna del país. Las diferencias culturales que conviven en el seno de la sociedad ucraniana han alimentado innegablemente las tensiones. En Ucrania, existen quienes desean acercarse a occidente y otros que se proponen acercarse a Rusia -esquema más que suficiente como para generar un conflicto de proporciones, más allá de lo que hagan o dejen de hacer las potencias intervinientes. En definitiva, el fin del gobierno de Yanukovich podría definirse como un fenómeno multicausal, impulsado por fuerzas tanto internas como externas.
 
Más allá de las idas y vueltas de la sociedad ucraniana, el hecho relevante de esta crisis -a la hora de analizar la política internacional- coincide con la rapidez, efectividad y contundencia con la que ha operado el Kremlin. Sin prestar mayor atención al derecho internacional (como es esperable de cualquier gran potencia de peso) y a pocas horas del cambio de gobierno en Kiev, fuerzas especiales rusas "ocuparon" -en lo que representó una acción unilateral- la estratégica península de Crimea. La relevancia de la cruzada para el equilibrio político regional ha colocado a ucranianos y rusos en el centro de la escena global. La totalidad de los actores de gran porte en el seno del sistema internacional depositan hoy su mirada en Crimea.
 
¿Ha actuado Moscú dentro de la legalidad? ¿Es este accionar legítimo? Infortunadamente, estas preguntas poco interesan al momento de leer el escenario en cuestión. La anarquía vigente en el sistema internacional y la lógica hiperrealista de Vladimir Putin han permitido que, de facto, sea Moscú quien ejerza la soberanía sobre Crimea. Los reclamos de occidente y del flamante gobierno ucraniano difícilmente puedan superar la fase retórica o argumentativa. No quedan cursos de acción para la Unión Europea, Estados Unidos, el G7 o para la mismísima OTAN: los rusos han desembarcado y no se apartarán. La defensa de la base naval de Sebastopol se esgrime en un tema en extremo complejo para los intereses geoestratégicos de Moscú, como para colocarlo sobre cualquier mesa de negociaciones. El único modo de desplazar a los rusos sería por la fuerza, pero los costos de intentar semejante acción vuelven a esta alternativa absolutamente inviable. Nadie en Washington (y posiblemente en ningún lugar del mundo) considera hoy seriamente una acción militar directa.
 
Al no ser reconocido ni por occidente ni por la propia Ucrania, el referéndum celebrado en la península funciona principalmente como un elemento de presión política. En los hechos, Simferópol dejó de responder a Kiev inmediatamente después de la ocupación rusa, situación anterior a la votación que supuestamente aportó legitimidad y legalidad a la escisión. En otras palabras, con o sin referéndum, la anexión ya se había materializado.
 
Más allá de reconocerla diplomáticamente o no, las potencias occidentales acabarán por aceptar de hecho la soberanía rusa sobre Crimea y diseñarán sus estrategias de defensa en consecuencia. El status quo regional se ajustará naturalmente a las nuevas circunstancias y los mecanismos de las relaciones internacionales proseguirán su curso.
 
Ya lo dijo el canciller ruso, Sergei Lavrov. "Crimea es más importante para Rusia que las Islas Malvinas/Falklands para Gran Bretaña". Un mensaje conciso, de alto contenido político y emitido en el idioma que solo entienden las superpotencias. Cuando de intereses estratégicos se trata, el poder (por sobre la legalidad) es lo único que realmente importa.
 
 
Sobre Santiago Pérez

Es Licenciado en Relaciones Internacionales. Observador de la política internacional desde el enfoque realista, es columnista de una decena de medios gráficos y digitales del mundo de habla hispana. Reside en Río de Janeiro, Brasil, y publica regularmente en su sitio web Equilibrio Internacional.