INTERNACIONALES | OPINION: FRANCISCO ALARCON

Chávez era Chávez

Venezuela vive, quizás, su peor pasaje histórico, como derivación de las políticas de Hugo Chávez.

22 de Febrero de 2014
Venezuela vive, quizás, su peor pasaje histórico, como derivación de las políticas de Hugo Chávez. Hasta el propio Maduro es un corolario de ellas, tan disparatado y disímil a su escogedor para la sucesión, que ha logrado por primera vez cohesionar a la disidencia por la base, cuestión substancial para que emerja una oposición y una resistencia como estamos observando a lo largo y ancho de la Patria. Por su lado, ya no se necesita de los ambajes para sacar a los líderes opositores, quienes se han sembrado en todo el país, en sus comunidades. Chávez se cuidó y, por ello, se mantuvo catorce años en la presidencia, gracias a mantener desunida a la 'oposición'. Ciertamente, sus represalias fueron catastróficas. Vedlas allí como el cierre de RCTV, aparte de haber arruinado a la nación, y tras haber puesto a chavistas y no chavistas a hacer colas para todas las actividades.
 
Esa escasez premeditada o consecuencial abrumó la paciencia de los venezolanos. La inseguridad hace tantos estragos como una guerra declarada y pocos esfuerzos hicieron para tratar de regresar a la normalidad. Contrariamente, proliferaron los colectivos armados y sus aliados malandros. Venezuela se convirtió en un polvorín sin mecha porque la 'oposición' no podía ver un listado eleccionario para inmediatamente anotarse y disputarse los posibles cargos.
 
Pero Chávez era Chávez: muchas veces, amenazó y dio casquillo, pero no sirve consumir esas amenazas. Le preocupaba que lo juzgaran como el malo de la película y retrocedía por momentos, cuidaba su imagen y peculiaridades, como la opinión internacional. Declaraba guerras imaginarias a países hermanos para, al otro día, retraerlas entre carantoñas. Cautivado se mostró cuando dio la mano a Barack Obama, acaso un sueño de su infancia, el de encontrase con un líder del Imperio. Pero su recuerdo se va borrando con las actitudes y aptitudes de sus herederos. Maduro no llega ni a los tendidos del propio chavismo: es inescrutable tanto para ellos como para la disidencia, y no tiene empática con las masas. Empero, logró cohesionar a la disidencia, despertar a los estudiantes y en general a la población; el miedo parece haberse disipado para muchos compatriotas, y el panorama es claro de que, en Venezuela, no se vive en democracia. En el exterior se tiene una percepción objetiva y los gobiernos otrora incondicionales con Chávez se encuentran abrumados por sus propias calamidades, sin poder socorrer a nadie. Maduro tampoco parece ser el 'adalid' que fuera Chávez, regalando nuestro petróleo por todo el continente.
 
Así, vemos a un Rafael Correa algo circunspecto; una Cristina, en Argentina, reparando como se abre a los mercados y deslindándose de sus raíces 'comunistas'. En Cuba, la primogénita revolución vaticina cambiar su rumbo. Brasil siempre fue otra cosa y se mantiene del milagro que logro Fernando Enrique Cardozo. Bachelet no quiere nada con dictaduras, y el camarada Pepe Mujica es el más liberal comunista. Nicaragua es una coyunda entre una burguesía que detenta los medios de producción y 'respeta' la revolución de Daniel Ortega: tiene en Estados Unidos a su mayor cliente y produce para ellos. Evo Morales se conserva en su trono aborigen, mientras las provincias fundamentales controlan la producción del país. Es decir que no hay ningún país de Latinoamérica como Venezuela, en donde todos los poderes estén confiscados por el Estado, y donde las empresas productivas hayan sido desmontadas y despojadas con un control de cambio demoledor. En Venezuela, se agudizará aeun más la escasez; la escasez de todo. Esas leyes económicas que preconiza el ciudadano presidente no son más que un preludio de la ruina total.
 
Entretanto, el aparato represivo va creciendo para reprimir a la disidencia, sin darse cuenta que la crearon, cohesionaron y alimentan con sus despropósitos. Venezuela volverá a ser libre, como lo dice el eslogan: sin cadenas que nos aten, ni nos torturen por los medios radioeléctricos, sin perseguidos políticos, sin ergástulas abarrotadas de estudiantes y presos políticos, sin muertos, sin escolares regando su sangre en aras de la libertad.

Seremos, posiblemente, lo que alguna vez soñó Chávez: un país sin tantas desigualdades, y feliz. Sin enemigos y sin imperios que nos subyuguen ni miserias que nos apabullen desde los predios cubanos. Solo le bastaría a Norteamérica dejar de comprarnos el petróleo, para poner de rodillas al que fuera el tercer productor de crudo del mundo.
 
 
Sobre Francisco Alarcón

Es escritor y columnista venezolano. Colabora periódicamente en medios impresos y electrónicos: Diario La Voz (Venezuela), Analitica.com, Noticiero Digital y The Americano.