POLITICA: MATIAS E. RUIZ

El convite de los inoperantes: carnaval impositivo y personalidad predatoria

La ciudadanía, rehén de dirigentes montados sobre la base de la yuxtaposición intolerable de nuevos impuestos y tributos. Gobernadores e intendentes exponen -sin precisar asistencia de terceros- el reconocimiento cabal de la propia incompetencia.

30 de Noviembre de 2012

La reciente discusión relativa a las aspiraciones de funcionarios públicos electivos de interponer novedosos impuestos sobre los combustibles para amortiguar sus respectivos déficits permite colegir, invariablemente, que la Argentina actual ha traspasado las fronteras de la verborragia incontinente para Twitter, Matías E. Ruizconfigurar un panorama a todas luces surrealista. Se trata, en rigor, de la neutralización definitiva de los códigos y de la aniquilación de cualquier resquicio de fair play institucional: tanto el Gobierno Nacional como gobernadores y jefes comunales de diferente color político se han complotado para demoler -diríase, de una vez por todas- las finanzas personales y hogareñas de millones de ciudadanos.

A la postre, este panorama -consabidamente dantesco- se complementa con el abandono masivo de personas explicitado hasta el hartazgo por el Poder Judicial de la Nación, cuyos indolentes dignatarios solo parecen poner manos a la obra cuando de reflotar los derechos de peligrosos delincuentes se trata.

La discusión imposible que remite a los potenciales nuevos tributos a las naftas -terreno en donde se han destacado negativamente Daniel Osvaldo Scioli y Mauricio Macri- nos deposita en una conclusión preocupante: mientras unos trabajan a destajo para eliminar los últimos vestigios de los sectores medios, otros -la Presidente Cristina Elisabet Fernández Wilhelm y su protégé Diego Bossio (ANSES)- sobresalen en su maquiavélico anhelo de ver exhalar su último suspiro a la clase pasiva (esa que hoy agoniza en medio de la más absoluta indigencia). Será hora de ponerlo en limpio: la dirigencia política de la nación se propone exprimir al contribuyente, acelerar el proceso de desaparición física de nuestros jubilados y, por si algo faltara, barrer de un plumazo con cualquier expectativa que pudiere tener la juventud respecto de sus perspectivas de crecimiento futuras. Quizás, la constitución societaria sub-40 del país deba comenzar a considerar seriamente cualquier alternativa que evalúe construirse un plan de vida en el exterior. En el presente contexto, y teniendo muy en cuenta que las herramientas ciudadanas disponibles para sobreponerse a la voracidad dirigencial brillan por su ausencia, cualquier ideario pensado para adelgazar la caja de la política se torna no solo válido, sino de estricta necesidad. En simultáneo, aquellos que se obsequian supervivencia y/o un buen pasar -a costilla del saqueo programado de quienes tributan- deberían iniciar un súbito proceso de aprendizaje, empezando por diferenciar claramente entre Gobierno y Estado. En algún momento (y de continuarse a este ritmo), dentro de algo más de dos décadas no quedará estrato social al cual expropiar para garantizar la existencia del ciudadano improductivo.

Las declaraciones de Macri de cara a la "constitucionalidad" del impuesto de marras invita a la participación de altos exponentes de la psiquiatría, en función de que el Jefe de Gobierno porteño parece ignorar que los combustibles exhiben -desde hace ya tiempo- una carga impositiva superior al 40%, y que una proporción similar grava a la totalidad de los automóviles comercializados en el país. Que se sepa, no existe Artículo en nuestra Carta Magna que otorgue vía libre al incremento discrecional y redundante de impuestos allí donde ya existían. El jefe máximo de PRO debería recordar también que tanto él como su padre celebraron entre carcajadas la consolidación infinita de un IVA del 21% que ideara Domingo Felipe Cavallo, porque ese retoque poco sutil los favorecía en sus voluminosas actividades comerciales. Sin importar que Mauricio Macri pretenda recordarnos su paso por la industria automotriz, lo cierto es que su experiencia como entrepreneur/empresario es nula, por cuanto jamás supo desempeñarse en un marco de verdadera competencia. Mal puede, entonces, proponerse como un ejemplo brillante de gestión. Especialmente cuando, en el fragor de su voracidad recaudatoria, está reconociendo implícitamente que la Ciudad Autónoma se encuentra defaulteada. En las postrimerías de ese reconocimiento, finalmente, se expone a múltiples demandas por incumplimiento de deberes de funcionario público.

Desgraciadamente, el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires Daniel Scioli tampoco puede permitirse el lujo de la distracción: los datos refrescados en el párrafo anterior también pertenecen a su esfera de conocimiento o, al menos, eso cree uno. El ex motonauta -aquí reside lo grave- se exhibe en una posición todavía más ignorante que la asumida por los embajadores del iluminismo macrista, puesto que su background en el sector privado es declaradamente inexistente y su aterrizaje en la arena política puede rastrearse en favorcillos de diminuta intensidad, confeccionados oportunamente para el riojano Carlos Saúl Menem. Es que el legado más acabado del menemismo -parece haber coincidencias en este sentido- se reduce a la promoción descontrolada de referentes tan desaprensivos como ineptos en materia de gestión (propaganda al margen): el propio Scioli, Alberto Fernández, Aníbal Fernández, Felipe Solá, José Luis Gioja, etcétera.

El tándem de la inoperantes confesos corporizado por sciolistas y macristas extiende una invitación a considerar -a consciencia- otra conclusión: los chicos de departamento poco conocen de lidiar con situaciones reales. Por cierto, vale recordar que las soluciones mágicas no existen, pero también es lícito declamar que proponer respuestas concretas a problemáticas de gran alcance no es una faena tan compleja. Ahí está el ejemplo del brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva, celebrity transnacional que hizo del aprendizaje callejero la mejor universidad. Con el 'agravante' de haber rescatado a decenas de millones de ciudadanos en una nación substancialmente más compleja y heterogénea que la nuestra, como lo es la República Federativa del Brasil.

A la luz de lo expuesto, lo cierto es que la torpeza se ha quedado sin excusas. Aunque no faltará quien le reconozca el haber sobresalido en el proceso, masacrando sin piedad al sentido común, torturando al pragmatismo y sodomizando al pensamiento estratégico.

Al cierre, aquellos analistas que quisieran echar mano de cierta dosis de magnanimidad podrían argüir que han transcurrido ya diez años desde arribado el subsistema kirchnerista/cristinista a la Casa Rosada. En este aspecto, podría referirse que hubo tiempo de sobra para que la dirigencia se viera contaminada por los peores ejemplos ilustrados de gestión, amén de que aquélla ha perdido definitivamente el training institucional. Pero subsiste la pregunta: ¿sabrían los aspirantes opositores a la Presidencia qué hacer, una vez en el poder? La contestación solo puede ser negativa. Ninguno de ellos ha sabido proponer -a lo largo de años recientes- cómo desmadejar realmente el tendal de subsidios que legará Cristina Elisabet Fernández. Peor aún: no se ha conocido programa ni contrapropuesta tendiente a recuperar los procesos productivos del país, una vez evaporadas las ensoñaciones de continuidad de la devaluada madrina del Modelo. Son preguntas sin respuesta, y que solo conducen a la multiplicación de la desesperanza por parte de los potenciales votantes. Estos últimos, condenados por la Justicia Electoral a elegir forzadamente entre el malo y el menos peor porque "la rueda debe seguir girando", carecen de alternativa viable. Esta substanciación resulta ser tan contundente como incontestable, pues aquellos que se arrogan el derecho de llegada solo saben explorar una salida: expoliar y castigar al contribuyente, mientras especulan con su agonía.
 

Matías E. Ruiz, Editor