POLITICA: POR EL LIC. GUSTAVO ADOLFO BUNSE

Los despojos de una oposición suicidada

Cuando mis pálidos restos.. opriman la tierra ya… sobre mi olvidada fosa, ¿Quién rayos vendrá a llorar ? ¿Quién, en fin, al otro día, cuando el sol vuelva a brillar, de que pasé por el mundo, ¿quién diablos se va a acordar? (G. A. B. - Poemas de la Argentina Trágica)

24 de Octubre de 2011

Arriba de un colchón ensangrentado, Muammar Khadafi dio una imagen más digna que cada uno de los cadáveres políticos de la oposición, ninguno de los cuales parece haberse enterado ni siquiera de la dimensión de su óbito.

Que algunos de ellos se hayan presentado en público para festejar los cuarenta puntos de escombros debajo de los que se hallaban sepultados, da muestra viva del síndrome de inconciencia e irracionalidad delirante de este grupo de cadáveres políticos, que ahora flotan despanzurrados entre los sargazos.

Entre todos ellos y la indudable multitud culta y sabia que ha decidido vivir cuatro años más en este paisaje, nos hallamos unos cuantos -como quien esto escribe-, viendo hacia ambos costados, cómo giran un par de bolilleros que pueden arrojar, más temprano que tarde, cualquier destino.

En las próximas horas, el jueves -en el día del prócer- y una semana después -en el Día de Todos los Muertos-, una hilera de siervos de la gleba, observarán con una enorme angustia la cara de la monarca, para saber si se les renueva o no, la vigencia de su servilismo convertido en beca.

Están, no sin razón, hondamente preocupados por varias razones, que tienen que ver con la sospecha de que algo les puede cambiar la continuidad de sus prebendas. Y con la terrible duda de que, cualquier afecto ortopédico, tal vez no tenga el mismo espacio en el corazón de la reina.

Cada advenedizo de esta fauna -pletórica de reptantes- sabe muy bien que, en el epicentro del poder, ella tiene su propio ejército de arrastrados, cuyos integrantes sienten merecer ahora un “vale” o un “ticket” por otros cuatro años de amor… desde Olivos.

Como ocurrió ya alguna vez, todas las tarjetas de débito de los siervos, sin excepción alguna, deberán ser renovadas indefectiblemente.

Todos los tickets de cada uno de los mercenarios están vencidos.

Y es muy probable que las condiciones de aptitud para ser un siervo hecho y derecho, se han de presentar allí de una manera técnicamente distinta.

El favoritismo hacia un lacayo es, precisamente, su vocación de premiosa esclavitud frente a los intereses que lo demandan por doquier.

Bajo juramento, serán capaces de renunciar -otra vez más- a su dignidad, sabiendo que, en cualquier examen de esta mujer se prefiere el oblicuo al recto; se prefiere el ignorante al estudioso, el intrigante al gentilhombre.

Deben saber, para renovar su ticket vencido, que la corruptela moral para ser serviles, antepone, ahora más que nunca… el valimiento al mérito.

Por cuanto, sin duda son sólo ellos los verdaderos arquetipos primarios del arrastramiento individual y, con tal arduo entrenamiento, han de ser absolutamente capaces de adaptar su impresionante insolvencia moral a cualquier mandato nuevo de la misma monarca.

Inversamente, debe saber muy bien ella que la lealtad de los siervos sólo es sostenible con el pago riguroso y oportuno de todas las alícuotas de los planes y subsidios del progresismo popular. La Caja de nuestros impuestos.

El progresismo populista vitoreado por los “unos” suele durar hasta que se acaba el dinero de los “otros”.

Exonerar a un felpudo humano y/o colapsarle los pagos, es exponerse a que se venda de inmediato al otro bando. O, peor toddavía, a que revele los secretos que se le han confiado y también a que se convierta en un enemigo extorsionador.

El mensaje de amor y de paz de la Presidente tendrá, pues, una receptiva bienvenida en una gran cáfila de cambiadores de camisetas, cuyo número resultará una función directa del superávit de la caja, y cuya fuerza desplegada ha de ser inmedible en su formidable e imprevista volatilidad.

Porque trasuntará la más rechiflada hipocresía, chorreará insinceridad y no será creíble ni siquiera para el obediente y laxo oído de los propios siervos.

El amor de esa multitud “sabia” que, obviamente, jamás estuvo enferma de ideología, por cuanto no ha podido acceder aún a ese concepto complejo; se ha forjado dividiendo a la sociedad, entre los propios y los excluídos.

Y allí yacen, sobre un colchón barato, los despojos de una oposición que se ha empeñado en llevar el ridículo hasta el paroxismo de subir al podio para saludar con su rostro pálido... absolutamente magullado.

Por el Lic. Gustavo Adolfo Bunse, para El Ojo Digital Política