Al sur del Mar de Wedell, a 5,000 km de bs as y a 1,440 km del polo sur, existe una de las bases menos conocidas de la Antártida Argentina : la base Belgrano II, ubicada a 77 grados 55 minutos Sur, y 34 grados y 37 minutos Oeste.
Salí de Buenos Aires el 2 de febrero de 2005, en un Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Argentina, junto a mi compañero Miguel Sánchez, llegando al Aeropuerto de Usuhuaia por la tarde de aquel día, en el Rompehielos Almirante Irízar el 3 de febrero.
Luego de 7 dias de navegación, y previo bautismo por cruzar el paralelo 66 (con disfraces y gran fiesta, y posterior " rapada"), vimos lo que sería nuestra "casa" durante un año : 2 manchas negras a 14 km del buque.
Esas "manchas" son el nunatak Bertrab, sobre el cual está emplazada nuestra querida base. Era el 10 de febrero de 2005. A lo largo de 7 días -a veces interrumpidos por las inclemencias del clima-, descargamos nuestros víveres y otros efectos. Finalmente, el 17 de febrero, quedamos solos.
Actualmente somos 24 miembros, entre los que hay mecánicos, un carpintero, cocineros, científicos y otros especialistas. Entre todos, cubrimos las necesidades que nos permiten vivir 365 días en este lugar tan aislado.
La misión fundamental de esta base (como todas las que se desarrollan en la Antártida Argentina) es la investigación científica.
Como en casi todo el país, nuestra tarea también se lleva adelante en apoyo a la ciencia, y por supuesto como aporte para todas las estaciones meteorológicas de nuestro país y del mundo.
Concretamente, se estudia la atmósfera, el nivel de las radiaciones electromagnéticas y el volumen del agujero de la capa de ozono. En lo que respecta a esta última tarea, nuestra faena es fundamental, ya que permanentemente se nos solicita información meteorológica para realizar los denominados "zondeos" -globos que portan tecnología capaz de medir la capa de ozono y registrar otras variables). Esto se realiza cada miércoles del año.
En este sentido, nuestra rutina habitual cambia un poco, ya que los datos deben ser recogidos cada 3 horas, y a ellos se agregan fenómenos especiales que son pasibles de observarse solo en este continente, y que se denominan grupo 9".
Cuando llegamos -y dada la extrema latitud en que nos encontramos-, el sol estaba permanentemente posado en el horizonte, pero a los pocos dias comenzó a ponerse, primero unos minutos, y luego cada vez por más tiempo, hasta que el 22 de abril lo vimos por última vez. A partir de allí, sólo podíamos observar claridad, pero jamás al sol.
De esta manera, comenzaba la noche polar, es decir, que no veríamos el sol sino hasta el 22 de agosto siguiente. Durante casi 2 meses contínuos, sólo se observaba una ligera claridad al mediodia, y luego solamente noche.
No obstante, las condiciones no eran tan extremas como uno piensa, pues se registraban temperaturas promedio de 25 bajo cero pero sin demasiados días ventosos.
Luego del 22 de agosto, progresivamente vivimos el fenómeno uinverso al que llegamos, y así vivimos estos momentos, con sol contínuo desde el 23 de octubre.
A lo largo de todo este tiempo, además de efectuar nuestra tarea habitual de meteorología, llevamos adelante también aquellas que se corresponden con la vida cotidiana, como picar hielo para obtener agua (una vez cada 21 días) y limpieza general de la casa (a lo que aqui se llama "hacer maría").
Sin embargo, no todo fue rutinario, ya que el 10 de septiembre un incedio destruyó la casa principal y la mayor parte de las instalaciones. Por fortuna, nadie resultó herido, pero debimos acostumbrarnos a vivir un poco más "apretados" en otras instalaciones de la base.
10 días más tarde, (el 20 de septiembre), un Hércules C-130, -proveniente de la base aérea de Río Gallegos-, realizó un vuelo directo hasta nuestra Belgrano 2, y por medio de paracaídas, nos arrojaron insumos para continuar nuestra vida en la base por 4 meses más (especialmente, material relativo a sanidad, ya que no había quedado ni una aspirina).
A pesar del accidente, las actividades de la base (científicas y meteorológicas) no se interrumpieron en momento alguno (ni siquiera durante el mismo incendio).
A continuación, ingresamos en la porción final de nuestra particular invernada, esa misma que habíamos iniciado con importantes comodidades, y que terminamos casi en las mismas condiciones de las fundaciones de la base, allá por 1979.
Afortunadamente, las comunicaciones con el continente jamás se vieron afectadas (siempre hubo disponibilidad de teléfono, radio e Internet). Tal vez la disponibilidad de comunicaciones sea el factor más importante a la hora de sobrellevar el año, y en estos momentos es donde se valora como nunca el hecho de poder contar con un grupo humano tan unido como el nuestro. Todo ello muy a pesar de que la convivencia puede resultar a veces cansadora.
Una gran noticia : ya nos queda poco para esta de nuevo con nuestras respectivas familias, que ciertamente es lo que más se extraña en estas instancias.
Esperamos que todo siga bien hasta la llegada del Rompehielos...
* * *
Imágenes tomadas en la Base Belgrano II
Helicóptero de la Armada Argentina con repuestos para la base,
Click aquí
Restos de la base luego del incendio,
Click aquí
Hercules C-130 arrojando insumos vía paracaídas,
Click aquí
Impresionante fotografía de auroras del 11 de abril de 2005,
Click aquí